Ruta de los Puentes -Córdoba-

Ruta de los Puentes -Córdoba-

Seguíamos encerrados en el municipio, la tasa de incidencia del COVID no bajaba y no podíamos ir muy lejos, pero aun así podíamos hacer multitud de rutas y decidí hacer una propia, unir varios tracks de esos que pululan por páginas como Wikiloc y hacerme un itinerario con sitios que quería ver, y decidí centrar esta aventura en la Ruta de los Puentes.

La Ruta de los puentes consiste en un sendero que recorre el Guadiato por una antigua vereda y caminos romano y árabe y que cruza cauces de agua por medio de los dos viaductos. Bueno casi ya que el árabe esta roto y perdió su parte oeste hace tiempo pero aun así no carece en absoluto de encanto.

Yo decidí empezar esta ruta desde las Jaras, tomando un sendero que serpenteaba junto al arroyo Guadalnuño, pero con una variante. Subir al cerro Villares Altos, donde hay una torreta de vigilancia, aunque el acceso a esa parte del cerro esta restringida.

Subimos por un cortafuegos que en alguna ocasión requirió hacer algo de trepada hasta que llegamos arriba

Allí nos encontramos que el camino de bajada se encontraba al otro lado de una alambrada fuerte y alta la cual decidimos que era mejor no saltar y bajar campo a través. He de admitir que aquello me recordó muchísimo a cuando estába en Murcia subiendo el Obispo.

En nuestro descenso levantamos dos jabalís que por fortuna decidieron huir de nosotros y siguiendo el criterio del sentido común nosotros tomamos otro rumbo de descenso llegando al sendero que serpenteaba junto al arroyo.

Ya con la risa del agua a nuestro lado paramos a hacer algunas fotos a sitios realmente increíbles, sacados como de un cuento.

Pero lo emocionante, y que hizo que me sintiera como un niño fue cuando llegamos al vado del Guadalnuño, con mas de 40centimetros de agua unos 6 metros de ancho y con el agua fría recogida de las lluvias, corriendo.

De modo que tocó remangarse los pantalones, quitarse botas y calcetines y cruzar con el frío del invierno atenazando los músculos de la pierna, pero aun así haciendo que nos sintiéramos vivos. Pues si todo estuviera medido y controlado, no sería una aventura ¿No creéis?

Seguimos entonces por una pista que ascendía y ascendía dejándonos ver al fondo del valle el riachuelo, que crecido, y como si tuviera emociones, reclamaba sus dominios serpenteando como si se tratase del mismo amazonas, mientras que unas montañas, llamadas «los riscos» nos observaban desde el Este (tengo que ir allí proximamente)

Llegamos a lo mas alto de aquella serranía y comenzamos el descenso para unir nuestra ruta con el tradicional trazado con la Ruta de los Puentes.

De este modo vimos de lejos el viejo puente romano, una estructura que aun permite el paso a senderistas, ciclistas y moteros, llevando en pie desde el Siglo I de nuestra era. Dos mil años de historia allí al alcance y servicio de todos, mostrando la grandeza de la sierra cordobesa.

Nosotros nos desviamos unos cientos de metros a la derecha en dirección al puente árabe del Siglo XI y que aun derruido en un extremo se levanta majestuoso siendo objetivo de muchos apasionados de los senderos y fotografiado como si de una estrella del cine se tratase.

De hecho tiene una especie de laguna donde vimos caer a una garza para atrapar algún pez, rana o culebrilla de las que pueblan estos montes y salir de nuevo alzando el vuelo (la suerte quiso que pudiera captar a medias ese momento).

Comenzamos la vuelta y paramos a comer junto al río Guadiato, separándonos del camino y disfrutando de su sonido en un lugar fascinante.

Ya de vuelta, sí nos detuvimos en el puente romano, que menos esbelto y alto que el árabe a sabido resistir con el paso de los siglos las inclemencias del tiempo, tal vez debido a su robustez.

Seguimos el trazado del sendero estrecho que va paralelo al río, viendo casas cercanas, pequeñas playas fluviales y atravesando un bosque espeso hasta llegar al inicio de la Ruta de los Puentes, pero a nosotros nos quedaba volver a donde habíamos dejado el coche.

Comenzamos así una subida de unos 4km por carretera, siempre por la izquierda, que nos dejo ver vistas impresionantes y donde las montañas, nubladas, evocaban sueños que aprecian salidos de la pluma de algún escritor de fantasía.

Volvimos de nuevo a los caminos de tierra y a descender a un valle para acabar justo en la pequeña laguna por donde comenzamos el ascenso a los Villares Altos.

Llegamos al coche después de 5 horas, contando paradas, risas, y disfrutes de una ruta mágica, nuestra Ruta de los Puentes particular, que seguro que queda en el recuerdo de todo aquel grupo que la hicimos juntos, y aunque la hagamos de nuevo, seguro que la sierra no nos regalará aquellos eventos maravillosos que nos dio aquel día….

Via Ferrata del Ventano del Diablo

Via Ferrata del Ventano del Diablo

Despertamos aquella mañana en un solar donde habíamos aparcado el coche después de ir a cenar a Cuenca y ver sus famosas casas colgantes.

Aquel día iba a estar lleno de sorpresas y aventuras, pues empezábamos por una vía ferrata K3 y K4 en el Ventano del Diablo, que recibe su nombre por un mirador que hay justo encima.

Acudimos a la cita con la empresa que lo llevaba (GEaventure) y nos recibieron con los brazos abiertos, eran muy simpáticos (no recuerdo sus nombres, tengo que escribir antes de que pase tanto tiempo de las historias…) y nos unimos al otro grupo de aventureros.

Montamos en los coches y fuimos al inicio de la ruta donde nos dieron una pequeña charla de seguridad justo antes de meternos en la ruta ya con los arneses, los cascos y enganchados a las líneas de vida.

La vía empieza bastante sencilla con el río abajo y hay un tramo que se puede hacer andando o en tirolina, nosotros lo hicimos andando, cachis

Hasta ese momento el camino es sencillo pero poco después y tras hacer una S por unas cadenas ya quedas suspendido sobre el agua del río Jucar, que cuando nosotros fuimos tenía un colo azul esmeralda precioso.

De este modo se recorren unos cuantos de metros de forma horizontal hasta un salto que hay que dar para pasar de un soporte a otro sobre una plomada. Esta fue sin duda la peor parte del camino para mi, por que ya llevaba los brazos cansados, el esfuerzo es grande y ademas con los nervios se me olvido cambiar los mosquetones y tuve que volver a saltar atrás para hacer bien el paso y saltar de nuevo a la posición complicada de la plomada.

Justo después de esto termina la K3, sobre una pasarela de madera y donde quienes quieran pueden abandonar antes de subir de forma vertical y comenzar la K4 con sus dos puentes, uno mono y otro tibetano.

Yo no iba a rendirme, tan solo tenía lo brazos un poco cansados y tomé la K4 con muchas ganas, allí subiendo y trepando por las rocas hasta el primer puente y luego de forma más relajada hasta el segundo en un abrigo de roca.

La vía ferrata del Ventano del Diablo termina con con giro de mas de 270 grados, el cual puede disparar la adrenalina de mas de uno, sobre la roca y un ultimo ascenso donde los guías pueden ayudarte con una polea antes de salir fuera y darte cuenta de lo que acabas de hacer y como en mi caso sentirte emocionado.

Después de aquello todo el grupo nos fuimos a un restaurante a comer y nosotros después de aquello a… Bueno eso es otra historia!

Albarracín

Albarracín

Recuerdo la primera vez que vi una foto de Albarracín, me pareció un lugar sacado de un cuento, algo que cruzaba la edad media occidental con la Gran Muralla China. Sabía que tenía que ir…

Y fuimos para celebrar mi cumpleaños, el mismo día que subimos el Mogorríta pasando por el nacimiento del río Tajo, donde hace tantísimos años estuve de campamento y pude ver como ha cambiado la zona…

Llegamos a Albarracín, una villa increíble de casas de color adobe y madera como en la edad media. Solo ya pasear por sus calles es digno de elogio, cuestas, escaleras, cruces extraños, encrucijadas…

Pero hay algo que llama la atención y es la cantidad de botellas de plástico con agua que los vecinos ponen todas las esquinas y rincones para intentar evitar que los perros hagan sus necesidades allí, de modo que si eres turista y pasas por allí con tu perro, piensa en que hay más personas que quieren disfrutar de la ciudad y recoge los regalitos…

El mayor atractivo sin duda de todo Albarracín es su muralla que llega a recordar a la Gran Muralla China, no en vano le dicen la Muralla China de España.

Como es normal no pudimos evitar la tentación, es más, estaba en el plan, de subir a la muralla, disfrutando de un día fantástico mientras muchos otros turistas nos rodeaban sobre todo en la zona de la torre. Lo cual me recuerda (no vengáis aquí con zapatos de calle!!!)

Nosotros nos acoplamos en una zona donde el acceso era algo más complicado y celebramos allí mi cumpleaños con una tarta de chocolate y viendo la tarde pasar frente aun paisaje digno de una pelicula.

De hecho Albarracín ha sido escenario de algunas películas entre las que cabe destacar Conan el Barbaro (es una de mis favoritas), lo cual me hizo mucha gracia al darme cuenta.

Pero como digo este pueblo de unos dos mil habitantes es mucho más que su muralla, pues su catedral es preciosa (aunque no pudimos entrar dentro debido al COVID), la plaza del ayuntamiento que te transporta a otra época, sus callejones, las vistas de los miradores y no podemos dejar atrás su gastronomía con esos chorizos de «venao» y jabalí o sus cecinas…

Fue una tarde inolvidable que se quedará guardada en en mi retina y en mis recuerdos, pero nuestro viaje continuaba y aun había muchas cosas por ver y por hacer durante aquel puente…

Torreárboles – Villares – Cerrillo

Torreárboles – Villares – Cerrillo

Con esto de los confinamientos no se puede viajar y no puedo ver lugares de ensueño…

Esto era lo que pensaba hasta que decidí explorar la sierra de mi ciudad, algo que no hacía desde muchos años atrás, mientras que el COVID y el 2021 iban cerrándome fronteras y oportunidades, pero por fortuna se que hay muchos senderos en el municipio como para pasar mucho tiempo en la montaña, que no muy alta pero no por ello menos hermosa, y llegado el caso puede que lo contrario.

De este modo empecé a buscar una ruta que se ajustase a mis necesidades actuales, quería algo con un hito importante y que al mismo tiempo tuviera un kilometraje decente, de modo que encontré este itinerario, que repetiré, al menos en parte, por que la niebla no me dejó disfrutar de las tremendas vistas del Torreárboles.

Recluté a un grupo de brincacerros como yo, que estuvieran dispuestos a hacer esto después de tanto tiempo, y no tardé en alistar a mi escuadra, eramos cuatro, tal y como imponían las leyes de confinamiento que en ese momento imperaban, y tomamos el autobús camino de Cerro Muriano, pero nosotros y por un fallo mio nos bajamos en la parada de Torreárboles, pero ¡OJO! es la siguiente.

No obstante quise convertir aquello en una oportunidad empezando el ascenso desde más abajo siguiendo un trozo del Camino de Santiago hasta cruzarnos con la ruta que nosotros queríamos hacer y coger ya nuestro track.

Caminabamos entre pinos, dejando a la izquierda la Ermita de la Virgen de Linares de Cerro Muriano y tomando el camino de la derecha pasando por un vallado.

En este punto tengo que hacer hincapié de tomar el camino por dentro del vallado ya que por el otro lado, aparte de que se han gastado un sueldo en poner carteles de prohibido el paso, suele haber cazadores y gente disparando.

Es en este momento cuando el ascenso comienza de verdad y aunque no es muy largo, si os digo que no tiene nada que envidiar a algunos picos famosos de algunas provincias en lo que se refiere a inclinación.

De este modo se llega al famoso Torreárboles, desde el cual, según cuentan se puede ver toda Córdoba a un lado y si el día es bueno al otro lado se puede llegar a ver Sierra Nevada. Nosotros no pudimos comprobarlo pues la niebla ni tan siquiera nos permitía ver el cerro de al lado, de modo que con un frío importante nos hicimos las fotos de rigor y comenzamos el descenso por el otro lado, siguiendo el camino GR-48.

Un descenso también bastante inclinado por el que nos encontramos unos scouts que venían ascendiendo a buen ritmo y que finalmente nos dejo junto a un túnel que cruzaba bajo la carretera.

En este momento hay que tener mucho cuidado pues, los tracks te llevan hacia un camino ahora cerrado por lo que hay que seguir de forma casi perpendicular a la carretera y seguir las señales de la GR-48, que en ocasiones se pierden un poco de la vista.

Así se camina por dehesas y cerros que tenían el color de la hierba mojada y donde en los puestos de los cazadores por los que se cruza dejan cientos de cartuchos ensuciando el bosque.

Petición a los cazadores: No voy a entrar en polémicas sobre si la caza es buena, mala… estudié agronomía y conozco las razones cinegéticas, pero los cartuchos se pueden recoger después de disparar y no dejarlos allí contaminando la sierra. ¡Gracias!

Casi sin darnos cuenta llegamos al parque periurbano de los Villares, lugar donde los cordobeses suelen acudir en tiempos más felices a hacer sus famosos «peroles» y donde hay pistas de fútbol, zonas de acampada… y como no, senderos, y nosotros estábamos recorriendo uno que iba junto a la carretera y que tantas veces había querido andar…

Pero dejamos aquel sendero y nos introdujimos de nuevo en la espesura siguiendo un riachuelo sobre cuya risa se escuchaba el canto de los pájaros como hacía mucho que no lo escuchaba, y creedme cuando os digo que en ese momento se desconecta de todo.

Llegamos así a un antiguo puente junto a la carretera de las jaras, un lugar que conozco desde hace muchos años, ya solo quedaba andar un sendero que mis pies ya conocen en modo automático para llegar a la Assuan y descender por la cuesta de la traición, donde hay que tener sumo cuidado si vas un día que este todo mojado pues los puentes de madera y las rocas se escurren más de lo normal…

Relive de la ruta

Conclusiones

La ruta es larga, unos 18km pero sencilla, tan solo la subida y el descenso del Torreárboles reviste alguna dificultad, por lo demás en su mayor parte es sencilla y solo hace falta ir mirando las marcas de la GR-48 para no perderse.

Nosotros la hicimos en 5h 13′ contando las paradas para fotos, quitarnos y ponernos ropa de abrigo, comer algo…

El track de la ruta

Subida al Mogorrita, el techo de Cuenca

Subida al Mogorrita, el techo de Cuenca

La subida al Mogorrita la hicimos en un día muy especial, ya que aunque habían pasado unos meses, íbamos a celebrar mi cumpleaños, pues Bea quería que celebrarlo en este fin de semana.

Como íbamos muy lejos y era nuestra costumbre salimos un viernes por la noche para dormir cerca de la ruta y encontramos un aparcadero en las sierras de cuenca a menos de media hora en coche del inicio de la ruta donde decidimos hacer noche.

Al día siguiente nos despertamos y nos dirigimos al Mogorrita, una montaña realmente sencilla, a la que se sube por una pista forestal preciosa, entre pinares y con una pendiente no demasiado pronunciada, en la que con un poco de suerte te puedes cruzar con algún rebaño de ovejas, de hecho es totalmente apta para hacerla con niños ya que no reviste ningún peligro hasta su cima y si luego se vuelve por el mismo camino.

Junto al vértice se puede encontrar una torreta de vigilancia de incendios y una pequeña casa supongo que de los agentes forestales.

Nosotros al haber tardado bastante poco en subir, de hecho la frase fue ¿ya hemos llegado? Pasamos un buen rato en la cima comiéndonos una tortilla de patatas gentileza de mi padre y una botella de vino si alcohol.

Después decidimos bajar cresteando un poco y haciendo la cosa un poco más complicada por que lo mismo que cuando no se tiene seguridad hay que dar la vuelta como nos paso en La Atalaya, cuando todo esta a favor hay que arriesgar un poco…

El descenso fue muy divertido, saltando entre rocas y entre pinos con un clima excepcional para disfrutar de la montaña.

Llegamos al coche llaneando por un prado y prácticamente no era medio día, de modo que decidimos ir a un sitio muy especial que me enamoró desde la primera vez que vi una foto… Albarracín… no os lo perdáis pues es la siguiente entrada…

Cuevas de San Marcos y un espeto al atardecer

Cuevas de San Marcos y un espeto al atardecer

No hay que contarle a nadie lo acontecido en el 2020 en todo el mundo con la pandemia, el COVID nos hizo quedarnos encerrados o casi encerrados y cuando eres como nosotros, que nos encanta salir a la montaña y estas subiendo el pico más alto de cada provincia el que no te dejen moverte de Andalucía puede ser bastante frustrante.

No obstante no hay que subir montañas de una dificultad infinita o llegar a sus vértices, solo hay que disfrutar de ellas. Y eso fue lo que hicimos nosotros aquel día…

Nos reunimos con la idea de ir a Cuevas de San Marcos, un pueblo de Málaga, limítrofe con Córdoba, de hecho desde su sierra se ve justo enfrente la de Rute.

El pueblo de acceso un poco enrevesado es bastante bonito, con un tamaño que nos es ni pequeño ni grande, de hecho si fuera mayor seguramente no tendría el encanto que tiene…

Llegamos en coche hasta el polideportivo y empezamos a subir por una pista forestal disfrutando de las vistas y dejando cada vez más abajo el pueblo hasta llegar a un mirador del cual surge un sendero un poco más peligroso con una barandilla que en ocasiones solo sirve para quitar el miedo porque si te apoyas en ella vas rodando hasta el pueblo…

Pasamos de esta forma por una cancela y seguimos subiendo por unas cuerdas hasta llegar hasta las ruinas de un antiguo castillo godo. Pero no os hagáis muchas esperanzas, pues apenas quedan unas pocas piedras de la planta y un pozo o algibe.

Subimos sin llegar hasta el vértice, la verdad no lo necesitábamos, estábamos disfrutando, de modo que nos sentamos en un lugar donde veíamos las dos caras de la sierra y allí estabamos desayunando cuando se acercó a nosotros un hombre que venía de hacer una via ferrata que también hay en esta pequeña sierra llena de sorpresas, y nos dijo que aparte de la cueva grande que nosotros buscábamos en el mirado había una mas pequeña aunque de difícil acceso, de modo que bajamos de nuevo al mirador, cantando y bailando… vaya pareceríamos unos duendes del bosque o algo así…

Una vez en el mirador Bea se metió en la cueva, yo que no me fiaba mucho de mis botas decidí que me quedaba en la puerta vigilando que no pasara nada, mientras charlaba con el señor que nos había esperado allí.

Después de un rato seguimos nuestro plan de ruta y fuimos en busca del autentico premio del día, las cuevas que recorren toda la sierra y que son un hervidero de murciélagos.

Recorrimos un sendero en el que hay que tener cuidado con los clavos que antaño soportaban los troncos para facilitar el transito y hacer el sendero escalonado pero que al pudrirse estos, quedaban como trampas en el camino.

Para llegar a las cuevas hay que subir por unas escaleras de metal que también han conocido mejores épocas, y que también te llevan a la entrada de las grutas.

La primera parte es amplia e incluso tiene un poco de luz que entra por la boca, pero en cuanto se penetra un poco más te encuentras con una gatera que nosotros recorrimos dejando mi mochila atrás, total nadie iba a llevársela y se cruza hasta otra cavidad, una raja en la pared y otra cavidad… sin llevar buen equipo decidimos parar allí sobre todo por que nos encontramos con un lago de guano que no queríamos cruzar, pero disfrutamos de lo lindo de nuestra «exploración».

Tras esto decidimos salir sin molestar a los animales que allí viven y nos dirigimos hacia el coche, aunque la montaña aun quería regalarnos algo realmente espectacular teniendo a unos corzos relativamente cerca.

Llegamos al coche y decidimos ir a ver el atardecer a Nerja que no pilla excesivamente lejos y tomar allí un espeto para terminar el domingo antes de volver a la rutina del día siguiente.

Subida a la Atalaya, techo de Albacete

Subida a la Atalaya, techo de Albacete

Después de nuestra aventura para subir el Obispo, techo de Murcia, intentamos llegar hasta la pequeña aldea de Fuente de la Carrasca, pero aquella noche el GPS no encontraba el acceso que no fuera por caminos de tractores, de modo que buscamos una gasolinera para comprar algo y pedir indicaciones sobre como llegar decidiendo quedarnos a dormir en el área de servicio y al día siguiente buscar el acceso a la aldea.

Siguiendo las indicaciones del dependiente de la gasolinera cruzamos por algunos pueblos semiabandonados hasta que se sale de Cañada de la Cruz y se toma una carretera que ha vio tiempos mejores hace muchos años. Lo cual es una autentica pena por que la comarca es preciosa.

Llegamos esquivando baches en el camino, algún que otro coche (seguramente de algún aldeano) y socavones, hasta Fuente de la Carrasca. El típico pueblecito de una calle y con no mas de 20 casas muchas de ellas sin habitantes y pero el resto realmente encantadoras, un sitio de paz sin duda, y como protegiendo la aldea, la montaña abrazándola.

Aparcamos y sin más florituras comenzamos a ascender por un sendero causado por un riachuelo seco, habíamos empezado mucho más tarde de lo que pretendíamos.

He de admitir que este primer tramo fue bastante duro para mi y me tuve que parar un par de veces, es curioso como luego viéndolo con perspectiva ves que no era tan duro que todo esta en tu mente y cuando te das cuenta de eso empiezas a subir muchísimo mejor…

Después del riachuelo seco cruzamos un bosquecillo de pinos y salimos a una pequeña llanura de roca de la que surgía de nuevo el ascenso en el cual hay que trepar para llegar a un cresteo y salir a las cimas de la montaña y digo cimas por que en ese altiplano donde nos encontrábamos estaban El Pico de Las Cabras y la Atalaya (de tan solo tres metros más).

Mientras nos acercábamos a La Atalaya, techo de Albacete, empezó a levantarse un viento que no dejaba de crecer en fuerza, de modo que al llegar al vértice, que en este caso se trata de un montón de piedras, con los cortavientos, los guantes, los polares… puestos, nos refugiamos a sotavento para comer algo y decidir que si el viento seguía en aumento era peligroso seguir allí arriba pues la parte de descenso con escalada podría complicarse, de modo que teniendo a un kilometro el Pico de las Cabras por un llano, decidimos que era mejor no arriesgarse a ir.

De este modo habíamos coronado cuatro cimas en dos días, dejando la quinta apartada pero contentos de lo que habíamos logrado, de modo que nos hicimos las fotos pertinentes en La Atalaya y comenzamos el camino de vuelta salvando el viento y descendiendo por el mismo camino hasta el coche y a veces más que andar, bajábamos esquiando deslinzándonos entre las piedras sueltas y haciendo eslalon con los bastones y nuestras rodillas para no caernos.

La verdad es que la montaña tuvo algo de especial, no se que fue, pero tuvo un poquito de todo y eso es lo bonito, ya que hay que saber cuando retirarse, cuando seguir adelante y cuando esperar.

No eran las dos de la tarde cuando estábamos en el coche de vuelta y a Bea se le ocurrio terminar el fin de semana en el Albaicín, pero eso es otra historia…

Subida al Obispo, techo de Murcia

Subida al Obispo, techo de Murcia

En esta ruta no solo subimos el Obispo, también lo hicimos al Odres y al Revolcadores, aunque entre el obispo y el Revolcadores es practicamente un llano, pero no adelantemos acontecimientos…

Salimos un viernes, como es costumbre en nosotros, en esta ocasión desde Córdoba y fuimos hacia nuestro objetivo, pasando por carreteras donde los ciervos corrían a nuestro lado prácticamente, y buscamos un lugar donde dormir en un aparcadero en un pueblo cercano, mientras veíamos en la noche las sombras de las montañas sin saber cual era la nuestra, pero con muchas ganas.

Recuerdo que cenamos en el coche con un frío tudelano, como solo puede hacer en las sierras, pero con muchas ganas de comenzar el camino al día siguiente, nuestro objetivo eran 4 picos en dos días entre los que se encontraban el techo de Murcia y el de Albacete.

Al despertar volvimos a arrancar el coche y mientras nos dirigiamos a uno de esos pueblos de no mas de 15 habitantes de la España despoblada y que apenas sale ya en los mapas, veíamos las montañas peladas, salpicadas solo ocasionalmente por algún pino que soportaba los vientos, el frío y las nieves del invierno y el calor del verano.

Llegamos a la pequeña aldea donde un par de señoras nos miraban con cara de «¿Quienes son estos locos?» y nosotros track en mano comenzamos la subida.

Y cuando digo subida no es que fuera algo sutil, no, la ruta empezaba enfilando el Odres de forma abrupta y las piernas lo notaban nada más empezar asaltando una montaña que incluso requirió algunas trepadas, cresteos y esfuerzo físico importante, al menos para mi, pues Bea iba felicísima. Pero a cambio la montaña nos ofrecía unos paisajes increíbles con vistas de un valle a un lado y de la meseta junto a parte de la sierra al otro, y además cuando llegamos al vertice vimos que había sido de las montañas más divertidas que habíamos subido pese al esfuerzo.

Pero esta solo era la primera cima de las tres del día, la segunda era el premio gordo…

El Pico De Los Obispos

Desde la posición que estabamos había que bajar a un valle y cruzar un sendero que antaño uniría las poblaciones de Odres e Inazares y que hoy en día abandonado era poco más que una senda para pastores, algo que no se por que me daba pena y al mismo tiempo aumentaba las ganas de seguir adelante como esos aventureros de antaño.

La bajada hasta el sendero fue un poco caotica, ya que el track lo hacia verticalmente y era bastante complicada, de ese modo lo hicimos por nuestra cuenta, cruzando bosquecillos, zonas de roca viva e incluso un arenal antes de llegar al camino que apenas se dibuja sobre el terreno.

Recorrimos sobre él unos cuantos de metros antes de salir de su curso a la derecha y afrontar un primer cerro antes de ver en el horizonte nuestro objetivo. Aquel cerro hasta su loma fue bastante entretenido, su subida aunque dura era amena, y cuando llegamos arriba nos separamos un rato para disfrutar sin molestias de la paz que allí había antes de reemprender la marcha.

Continuamos el ascenso por unos valles de montaña en los que daban ganas de poner un tienda de campaña y quedarse a pasar la noche… y finalmente en el último tramo había un afloramiento rocoso en el que no pudimos evitar parar y hacernos algunas fotos.

Llegamos al Pico de los Obispos y allí descansamos y disfrutamos de unas vistas realmente espectaculares, como un mirador solo para nosotros y desde el cual se observaba el tercer pico del día…

El pico Revolcadores

Lo que podría llamarse como un tramo de llaneo es lo que separa el Revolcadores del pico de Los Obispos, algo más de un kilómetro por terreno rocoso pero suave, habíamos llegado a nuestro tercer pico del día y comenzamos el descenso siguiendo los hitos, y como parece que le sucede a muchos montañeros equivocamos el sendero y nos giramos por la ladera de la montaña para no perder la cota que habíamos descendido hasta encontrarnos con nuestro camino original el cual descendía por el cauce seco de un arroyo y en el cual veíamos como el día iba despidiéndose con unos colores maravillosos.

De hecho nos encontramos ya casi al final con un pastor bastante amable que nos indicó el camino y nos preguntó si el coche blanco era nuestro, que lo llevaba viendo todo el día y le resultaba extraño.

Cuando llegamos al coche nos alcanzó de nuevo con su tractor y hasta nos ofreció su casa si necesitábamos algo, pero nosotros teníamos que buscar donde pasar la noche para el siguiente día ya que decían que era una montaña bastante complicada.

Subida al pico Amor, techo de Ciudad Real

Subida al pico Amor, techo de Ciudad Real

Continuamos nuestro reto de las cimas, justo el día después de subir el Rocigalgo donde mi movil tras una caida se quedo fuera de juego y me dejé la cámara en el coche…

Aquella noche dormimos junto a unos molinos en un lugar «cercano» antes de ir con el coche a la ruta. Una ruta que transcurría en gran parte por un cortafuegos que ataca casi hasta la mitad del camino de forma directa.

Al menos hasta que se llega al primer afloramiento rocoso, ya que despues hay que seguir un track vagamente indicado entre matorrales espinosos y un pequeño bosque que te deja en una pista forestal la cual ya llega casi hasta la cima, aunque en este recorrido la cima no es lo espectacular.

Lo realmente fantástico son los riscos por los que pasa a unos metros la pista y donde es imposible no detenerse y admirar el paisaje, algo que te deja sin palabras.

Nosotros vimos desde las alturas a otro grupo de personas que intentaban subir como nosotros pero se iban para el lado contrario del bosque y a grito pelado en aquella inmensidad tuvimos que dirigirlos hasta el bosque antes de reemprender nuestra marcha hasta el vertice.

Este vértice no tiene anda espectacular, aunque estuvimos allí un rato mirando los dos paisajes que nos mostraba a uno y otro lado de la sierra, y el otro grupo nos alcanzó y allí pudimos intercambias anecdotas, curiosidades…

En serio, no se puede describir esa sensación de encontrarse con personas en una cima que intercambian de todo, allí donde no hay nada es donde mas humanidad crece.

Después nos fuimos para abajo hasta el coche, para regresar, pero este pico no es muy difícil de subir y se hace relativamente rápido y antes de volver a tierras Andaluzas nos detuvimos en Consuegra a disfrutar de los Molinos de Don Quijote, como dos de sus más fieles seguidores…

Nota: debido a las dificultades que tuvimos con el movil y la cámara no tenemos muchas imágenes de este pico… sorry!!!

Subida al Rocigalgo el techo de Toledo

Subida al Rocigalgo el techo de Toledo

Seguimos con nuestro reto de subir todos los techos de España y nuestros pasos nos llevaron hasta el Rocigalgo en Toledo una montaña con unos contrastes realmente enormes.

Salimos el viernes por la noche conduciendo durante horas sin tener muy claro donde íbamos a dormir, ya que esperábamos encontrar la entrada a un aparcadero que había cerca de la montaña junto a una salida de un pueblo llamado Los Alares, pero el camino era impracticable por lo que decidimos aparcar al otro lado del pueblo entre unos arboles donde nos vimos rodeados de ciervos y escuchamos la berrea, así como por accidente, algo que muchas veces pasas noches enteras esperando cuando vas en su búsqueda y nosotros nos la encontramos de repente.

A la mañana siguiente y ya con la luz del Sol permitiéndonos ver, volvimos a consultar nuestros mapas y encontramos otra zona de ataque al aparcadero que estaba mucho mejor y donde había un restaurante en el cual cenamos aquella noche tras regresar de la aventura.

Aviso Nómada: Desde este primer aparcadero donde había gente haciendo acampada libre hasta el inicio de la ruta hay como unos tres kilometros que se pueden hacer en coche y os recomendamos que los hagáis ya que ahorra bastante tiempo por un lugar donde no hay sombras.

Llegamos de este modo al centro de recepción de visitantes donde hay que registrarse y donde explican que hay dos rutas una lineal y otra circular pero mucho más larga y compleja que no recomendaban hacer debido a que no había llovido y que hacía mucha calor, de modo que optamos por la líneal.

Comienza el Sendero

Ya estábamos listos para empezar nuestra ruta, con bastante gente aunque no todo el mundo tiene por objetivo la cima. Cruzamos una cancela para evitar que no pasen coches, pero os recuerdo que os habéis tenido que registrar de modo que TODO ES LEGAL, y comenzamos a andar.

La primera parte del camino es por una pista de tierra por lo que no es duro, de hecho es hasta con un leve descenso en algunos puntos, y cruzando algunos puentes de piedra sobre un riachuelo donde se ven personas descansando, desayunando y refrescando los pies

Pero no es hasta que se llega a un cruce de caminos donde comienza de verdad el ascenso…

Saliendo de la pista principal, a la izquierda, aparece un sendero que comienza con unas escaleras que enfrentan ya la subida, aunque la cima aun está lejos y la misma no se verá hasta unos metros antes de llegar.

Las dos chorreras y las cadenas en la montaña

El sendero comienza a serpentear entre rocas, arboles y en ocasiones con un terraplén importante al lado.

Es por esta zona donde hay más gente, ya que muchos senderístas acuden a la chorrera grande, una cascada bastante impresionante y donde termina el camino para muchos, y la verdad que era un sitio donde detenerse a disfrutarlo un rato.

En este lugar la montaña ya me dio el primer aviso de que no era bien recibido, pues intentando subir al pequeño mirador que hay frente a la cascada se me escurrió el pie y me di un golpe en la tibia, afortunadamente no fue nada grave pero los golpes siguieron ese día.

Se sigue el camino, siempre con el riachuelo a la derecha y ascendiendo entre coladas de rocas sueltas, terreno mas consistente y rocas, incluso se pasa por una parte donde en las paredes hay enganchada una cadena para que aquellos que tienen más miedo puedan sujetarse ya que la caída es bastante y para evitar posibles accidentes, dando un toque de aventura a la subida.

Un poco más adelante se encuentran unas pozas y si el día es de calor como el que nosotros estábamos teniendo es inevitable bañarse. Pero por favor hacerlo con algo de ropa, aunque sea interior, que nosotros vimos a una pareja allí a la vista de todos como su madre los trajo al mundo…

Fue en una de estas pozas donde sufrí mi segundo accidente. Pues me encontraba yo con el agua por la cintura y perdí pie al moverme en una poza y entre eso y la fuerza de la corriente, y tampoco voy a negar que yo me resistiera demasiado, me deje llevar a disfrutar del frescor del agua de la montaña…

Pero un poco más adelante, puede que no llegue a 400 metros se encuentra la segunda chorrera, la chica, otro sitio donde muchos se detienen y no siguen hacía arriba pero nosotros íbamos hasta el final, o al menos lo iba a intentar por que…

…En la chorrera chica, intentando hacer una foto caí desde una altura de un metro a la corriente de agua, por suerte la cámara la tenía Bea en la mano pero el movil iba en mi riñonera, caí sobre la mano derecha levantándome casi antes de tocar el fondo pero esta vez si me hice daño, mucho daño, de hecho el dedo indice derecho aun me duele meses después mientras escribo estas líneas… La montaña se había propuesto impedir que subiera, pero yo me había propuesto llegar hasta el final.

Sigue la subida, un bosque de musgo y moscas y el ultimo repecho a la cima

Con mi móvil dando bocanadas por sobrevivir tras haberse caído conmigo al río, mi mano dolorida y un cansancio extremo seguía subiendo junto a Bea que iba fresca como una rosa.

Vimos algún árbol impresionante y algunas partes del río donde refrescarnos y de repente entramos en un bosque con arboles y rocas blancas pintadas de verde por un musgo que cubría allí por donde mirases, pero había algo más en aquel lugar, moscas, muchas moscas, millones de moscas que te hacían imposible disfrutar del camino (¿otra jugada de la montaña?), pero había que subir, ya no sabíamos cuanto podía faltar, pero encontramos a unos chicos que nos habían pasado un rato antes y nos dijeron algo así como:

-Cuando terminen las moscas, a la izquierda, hay una ultima subida y ya habréis llegado.-

No íbamos a rendirnos tan cerca, el río ya no estaba y las moscas quedaron atrás en un lugar digno de hacer una acampada donde se veía la última subida en terreno de gravilla para llegar y decidimos atacarla, hasta que por fin vimos la cima…

La cima del Rocigalgo

La cima de esta montaña no es tan espectacular como la de otras, es casi una meseta y hay una alambrada bastante alta que la parte en dos, aunque junto al hito hay una plataforma de madera donde poder descansar.

De hecho allí conocimos a un matrimonio de Madrid que estaban haciendo algo parecido a nosotros y pasamos un rato hablando con ellos antes de hacer las fotos de la cima…

La bajada y una ración de «venao»

Tras hacernos las fotos comenzamos a descender, yo estaba dolorido y agotado y se me hizo un poco pesada, de hecho llegamos casi de noche al coche y en la misma encontramos por el sendero dos víboras que dejamos en paz y rodeamos con cuidado.

Nos sorprendió que ya con el sol desaparecido en el horizonte encontramos a una pareja que buscaba la chorrera grande, estando ya en la pista. Iban como para una fiesta, con zapatos de calle incluso, e intentamos persuadirles de que no lo hicieran, pero ellos continuaron su camino y nosotros el nuestro.

Por fin llegamos al coche y decidimos parar a planear nuestros siguientes movimientos en el bar del aparcadero para tomar nuestros refrescos post ruta y al llegar decidimos cenar una ración de venado que estaba realmente exquisita.

Disfrutamos de nuestro descanso y decidimos que al día siguiente subiríamos el Pico Amor de Ciudad Real de modo que cuando terminamos de cenar nos fuimos a buscar un pueblo donde dormir…

Conclusiones

El Rocigalgo no es una montaña de gran dificultad, aunque si tiene un recorrido duro y viendo que encontramos dos víboras, indica que hay que tener cuidado de donde nos sentamos, por donde pasamos, no tener partes de las piernas descubiertas…

Como montaña es una pasada, ya que ves muchísimos tipos de terreno, puedes refrescarte y disfrutar de soledad cuanto más arriba subes.

Al tener diferentes puntos de fin de etapa se puede decidir hasta donde se llega, sobre todo si no se vive muy lejos ya que se puede ir haciendo escalonado y nunca te sentirás que la montaña te ha vencido, aunque a veces, como me hizo a mi, casi lo consiga…

Subida al Bonales y al Tentudia

Subida al Bonales y al Tentudia

Estos dos montes estan muy juntos tanto que se pueden hacer en unas horas los dos.

Bonales es el techo de Huelva y Tentudia, el primer techo que subimos fuera de Andalucía, es el de Badajoz.

Lo interesante de estos dos picos es que son muy fáciles de subir hasta el punto de que en el Tentudia hay una carretera que sube hasta la cima donde hay un monasterio y un bar. Pero dejad que os contemos algunas cosas sobre ambos montes y sobre lo que hicimos…

Bonales techo de Huelva

Nosotros llegamos cuando estaba atardeciendo a la zona de aparcamiento, nuestro objetivo era hacer vivac en la cima de modo que decidimos empezar por la tarde noche.

Aviso nómada: Os aviso de que los tracks que se pueden encontrar en Wikiloc tienen el problema de que pasan por una propiedad privada, por la cual está prohibido el paso, pero os pongo aquí una captura sobre como subir.

Comenzamos el ascenso y antes de darnos cuenta ya habíamos llegado, de hecho tardamos menos de media hora, así que empezamos a montar el «campamento» con los sacos de dormir, los esterillos y la cocina portatil que llevamos para cenar y pasar la noche.

La sensación de tener un cielo lleno de estrellas como techo haciendo vivac es fantástica, os la recomiendo a todos.

Como de costumbre dejamos la basura a unos 50metros para recogerla al día siguiente pero para no atraer demasiado cerca a los posibles visitantes nocturnos. De hecho aquella noche escuche un ruido y pensando que podía ser un perro o un jabalí, con animo de asustarlo, me levante y me acerqué con cuidado a la basura viendo un gato que estaba rompiendo la bolsa, de modo que tras espantarlo até la bolsa en una rama donde el animal no pudiera llegar y volvimos a los sacos.

Al levantarnos hicimos las típicas fotos en el vértice y decidimos bajar por el camino alternativo que os he mostrado ya que no queríamos encontrarnos con el pastor.

Llegamos al coche y mientras preparábamos las cosas para afrontar el Tentudía desde el mismo sitio llego el pastor y nos miro de mala manera pensando que habíamos pasado por la finca por lo que le preguntamos como se subía al Tentudía para que cambiara su actitud y que no nos mirase mal.

De modo que comenzamos nuestra subida al Tentudía…

Tentudía, techo de Badajoz

Cuando se empieza a subir el Tentudía se va por carretera una cierta distancia hasta que a la derecha aparece una cancela, no os preocupéis se puede pasar y es un camino que sube hacia el monasterio, de hecho se cruzan señales de senderismo oficiales que nos guían hacia la cima.

Pero la subida no es complicada en absoluto y se llega a la cima bastante bien donde hay una cruz en una explanada donde esta el Monasterio de Tentudía y hasta un BAR!!! sí, sí, una cima con un bar para tomar algo!!!

A este sitio llegan ciclistas, moteros, peregrinos… por lo que este monte es muy fácil para iniciarse.

De hecho nosotros llegamos a las diez o así a la cima de modo que viendo la situación a Bea se le ocurrió irnos a Río Tinto a ver los magníficos colores del planeta rojo. Pero eso es otra historia…

Escapada al Algarve de un fin de semana

Escapada al Algarve de un fin de semana

Hace tiempo os contaba como fui de senderismo por los Siete Valles Suspendidos del Algarve y como me puse malísimo, llegando al final de la ruta pero no pudiendo disfrutar de algunas de las paradas como la Playa Do Marinha y las cuevas de Benagil.

Pero esa espinita que tenía clavada tenia que quitármela de modo que le dije a Bea que la secuestraba un fin de semana para hacerlo. Y como tampoco hay que hacerle muchas palmas para que se apunte aun bombardeo pues decidimos irnos y ver bien vistos estos sitios que ella afortunadamente conoce.

Pero yo quería que el viaje también fuera una experiencia para ella, de modo que sabiendo lo que le gustan los atardeceres le propuse ir a ver el atardecer del sábado a Cabo San Vicente.

Así que el sábado por la mañana fuimos hasta Portugal, decidimos tomar carreteras secundarias para no pagar los abusos de las autovías de nuestro país vecino, que aunque los trayectos sean un poco más largos, merece la pena en precio.

Vídeo de la escapada al Algarve

Playa Do Marinha

Llegamos a nuestra primera parada, donde es complicado aparcar el coche, y que hay que dar un paseo pero al llegar hay varios puestos donde comprar bebidas y abajo un chiringuito, aunque bastante caro la verdad.

La playa Do Marinha tiene como dos niveles, uno sobre los acantilados y otro abajo y ambos son impresionantes debido a los colores del agua y de las rocas, a las formas que toman y al brillo que tienen bajo el sol, de tal modo que parece que te encuentras en el caribe.

Cuando bajas a la playa justo a la izquierda hay una cueva que serpentea en la roca hasta una pequeña cala que es devorada por las olas cuando sube la marea, pero que si puedes llegar a ella te sientes como si fueras un pirata buscando un tesoro.

Benagil

Seguimos nuestro camino cogiendo de nuevo el coche para llegar a Benagil que es otra playa pequeñita pero que tiene un aparcamiento cercano.

A estas horas (las tres y algo), aun no habíamos comido y teniendo los kayaks alquilados a las cuatro y media no nos dio tiempo a buscar algún sitio donde comprar algo de comer, y los restaurantes tenían precios muy altos.

Decidimos buscar algo después de nuestro periplo marinero, y fuimos a por nuestra embarcación, saliendo por primera vez en mi vida al mar a remo, aunque Bea ya tenía experiencia.

No tarde en darme cuenta que cada vez que pasaba una embarcación a motor, las olas que generaba, al golpearnos de lado casi nos hacían volcar, por lo que aprendimos rápidamente a maniobrar para poner el kayak de forma transversal a dichas olas.

Llegamos de este modo a la cueva de Benagil, esa que se ve en multitud de postales. Por fin podía verla y ademas habiendo llegado en Kayak. Aunque aquello parecía una feria, demasiada gente por todas partes, haciendo muy complicado el hacer fotos limpias, y más con cámaras deportivas o un móvil en una funda de plástico.

No obstante hicimos lo que pudimos e incluso seguimos nuestro navegar por las aguas de la costa del Algarve pues disponíamos de una hora de paleo todavía.

Atardecer en Cabo San Vicente

Al terminar nuestra aventura marítima paramos a tomar algo rápido y fuimos a todo trapo hacia el Cabo San Vicente, y solo paramos en un Decathlon ya que según parecía había una oferta de botas Salomon a 20 euros, pero ya había pasado.

Y bueno al final llegamos al cabo de San Vicente y vimos un atardecer fantástico la cual acuden muchas personas en masa y después buscamos un sitio donde cenar algo y donde dormir en una aparcadero de caravanas.

Las playas de Sagres

Amanecimos frente a la fortaleza de Sagres pero también junto a unas playas que eran capaces de quitar el sentido a cualquier pintor de paisajes, de modo que llamados por los azules y esmeraldas del agua, decidimos bajar por las anaranjadas rocas erosionadas por el cauce seco de un arroyo que caía hasta la arena para descubrir una playa de surferos.

Y más allá de la playa había unas rocas que escondían otra segunda cala preciosa, que como la de la cueva del día anterior sería devorada por las olas en un par de horas, pero nosotros aprovechamos para recorrer y fotografiar, siendo espectacular y estando toda entera para nosotros, aunque su acceso estuviera limitado al capricho de las mareas.

Tras esto nos fuimos a explorar un poco el pueblo encontrando una tienda de souvenirs donde todo era en plan piratas, y la verdad que había cosas muy curiosas…

Tras eso ya nos volvimos a montar en el coche y regresamos para casa, habían sido dos días muy intensos e interesantes.