Escapada al Algarve de un fin de semana

Escapada al Algarve de un fin de semana

Hace tiempo os contaba como fui de senderismo por los Siete Valles Suspendidos del Algarve y como me puse malísimo, llegando al final de la ruta pero no pudiendo disfrutar de algunas de las paradas como la Playa Do Marinha y las cuevas de Benagil.

Pero esa espinita que tenía clavada tenia que quitármela de modo que le dije a Bea que la secuestraba un fin de semana para hacerlo. Y como tampoco hay que hacerle muchas palmas para que se apunte aun bombardeo pues decidimos irnos y ver bien vistos estos sitios que ella afortunadamente conoce.

Pero yo quería que el viaje también fuera una experiencia para ella, de modo que sabiendo lo que le gustan los atardeceres le propuse ir a ver el atardecer del sábado a Cabo San Vicente.

Así que el sábado por la mañana fuimos hasta Portugal, decidimos tomar carreteras secundarias para no pagar los abusos de las autovías de nuestro país vecino, que aunque los trayectos sean un poco más largos, merece la pena en precio.

Vídeo de la escapada al Algarve

Playa Do Marinha

Llegamos a nuestra primera parada, donde es complicado aparcar el coche, y que hay que dar un paseo pero al llegar hay varios puestos donde comprar bebidas y abajo un chiringuito, aunque bastante caro la verdad.

La playa Do Marinha tiene como dos niveles, uno sobre los acantilados y otro abajo y ambos son impresionantes debido a los colores del agua y de las rocas, a las formas que toman y al brillo que tienen bajo el sol, de tal modo que parece que te encuentras en el caribe.

Cuando bajas a la playa justo a la izquierda hay una cueva que serpentea en la roca hasta una pequeña cala que es devorada por las olas cuando sube la marea, pero que si puedes llegar a ella te sientes como si fueras un pirata buscando un tesoro.

Benagil

Seguimos nuestro camino cogiendo de nuevo el coche para llegar a Benagil que es otra playa pequeñita pero que tiene un aparcamiento cercano.

A estas horas (las tres y algo), aun no habíamos comido y teniendo los kayaks alquilados a las cuatro y media no nos dio tiempo a buscar algún sitio donde comprar algo de comer, y los restaurantes tenían precios muy altos.

Decidimos buscar algo después de nuestro periplo marinero, y fuimos a por nuestra embarcación, saliendo por primera vez en mi vida al mar a remo, aunque Bea ya tenía experiencia.

No tarde en darme cuenta que cada vez que pasaba una embarcación a motor, las olas que generaba, al golpearnos de lado casi nos hacían volcar, por lo que aprendimos rápidamente a maniobrar para poner el kayak de forma transversal a dichas olas.

Llegamos de este modo a la cueva de Benagil, esa que se ve en multitud de postales. Por fin podía verla y ademas habiendo llegado en Kayak. Aunque aquello parecía una feria, demasiada gente por todas partes, haciendo muy complicado el hacer fotos limpias, y más con cámaras deportivas o un móvil en una funda de plástico.

No obstante hicimos lo que pudimos e incluso seguimos nuestro navegar por las aguas de la costa del Algarve pues disponíamos de una hora de paleo todavía.

Atardecer en Cabo San Vicente

Al terminar nuestra aventura marítima paramos a tomar algo rápido y fuimos a todo trapo hacia el Cabo San Vicente, y solo paramos en un Decathlon ya que según parecía había una oferta de botas Salomon a 20 euros, pero ya había pasado.

Y bueno al final llegamos al cabo de San Vicente y vimos un atardecer fantástico la cual acuden muchas personas en masa y después buscamos un sitio donde cenar algo y donde dormir en una aparcadero de caravanas.

Las playas de Sagres

Amanecimos frente a la fortaleza de Sagres pero también junto a unas playas que eran capaces de quitar el sentido a cualquier pintor de paisajes, de modo que llamados por los azules y esmeraldas del agua, decidimos bajar por las anaranjadas rocas erosionadas por el cauce seco de un arroyo que caía hasta la arena para descubrir una playa de surferos.

Y más allá de la playa había unas rocas que escondían otra segunda cala preciosa, que como la de la cueva del día anterior sería devorada por las olas en un par de horas, pero nosotros aprovechamos para recorrer y fotografiar, siendo espectacular y estando toda entera para nosotros, aunque su acceso estuviera limitado al capricho de las mareas.

Tras esto nos fuimos a explorar un poco el pueblo encontrando una tienda de souvenirs donde todo era en plan piratas, y la verdad que había cosas muy curiosas…

Tras eso ya nos volvimos a montar en el coche y regresamos para casa, habían sido dos días muy intensos e interesantes.

 

Los siete Valles suspendidos

Los siete Valles suspendidos

Esta ha sido una de esas aventuras que no salen como uno quiere. Llevaba mucho tiempo queriendo hacer la ruta de los siete valles colgantes del Algarve  de Portugal, pero el destino quiso que para mi fuera muy difícil terminarla.

La ruta es algo maravilloso como podréis ver en las fotos, las arenas anaranjadas del Alrgarve en contraste con los azules y esmeraldas del mar y los ocres de los acantilados hacen que la caminante descubra un trozo de paraíso tras cada recodo del sendero.

El recorrido consta de unos 14km lineales por la costa del Algarve realmente espectaculares, pero que no os lleve a engaño, el perfil es un rompe piernas y a pesar de lo que me pasó a mi, algunos de mis compañeros iban diciendo que precisamente fácil no es.

La ruta comienza en la Praia de Nossa Senhora da Rocha, junto a una preciosa ermita y desde la cual ya se pueden ver abajo tanto al este como al oeste las playas típicas de esta zona de Portugal de aguas tan limpias y de tonos tan espectaculares que enamoran al visitante.

Consejo nómada: Hay que tener en cuenta que para hacer la ruta hay que buscar un medio de transporte para volver a por los vehículos. Nosotros recogimos a una chica en el punto de llegada que ya tenía allí el coche para que luego trajera a los conductores y estos fuéramos a por el resto de compañeros. Así ahorraríamos el precio de los taxis.

En este inicio he de decir que yo acababa de pasar un resfriado, o al menos eso creía ya que al poco de empezar a andar se me taponaron los oídos y comencé a tener muchísima sed y a sudar con la cabeza embotada…

Comenzamos a andar por los acantilados, disfrutando de unas vistas espectaculares y de valles que se adentraban en tierra para desembocar en el mar esmeralda y azul en playas de arena muy fina, encontrando sitios de verdadero ensueño.

Pasábamos por acantilados y por simas circulares que había hecho el agua en los acantilados, afortunadamente todas ellas rodeadas por barandillas de madera que protegen al visitante.

Pero no solo eran estas simas y los acantilados, también eran espectaculares las formas que el agua hacia con las rocas como arcos, afloraciones que parecían barcos y pequeñas calas inaccesibles por tierra, donde la gente que acudía en barco hacía barbacoas en las finas arenas.

Afortunadamente a lo largo del recorrido al menos al principio hay varios lugares donde poder comprar bebidas frías, eso sí a precio de oro…

Yo en ese momento ya estaba bastante mal, antes de llegar a Benagil, uno de los lugares más emblemáticos de la ruta, comencé a vomitar y caí al suelo sin fuerzas. Estaba siendo victima de un golpe de calor reforzado por el resfriado que había cogido fuerza al debilitarme. Tal fue mi malestar que mis compañeros decían que me llevaban notando raro todo el día por que no hacía fotografías y no me acercaba a los acantilados. Pero embotado y con los oídos taponados no me atrevía a acercarme y sufrir un mareo. 

Nos acercamos entonces Benagil una de las zonas más atractivas de la ruta por que aquí se encuentran dos de las fotos más espectaculares que se pueden hacer.

  • Los arcos dobles de roca que el mar a esculpido en los acantilados
  • Una cueva con una playa dentro que mucha gente visita en barca, kayac e incluso nadando como era mi intención inicial.

Al llegar a la playa de Benagil se encuentran muchos puestos de alquiler de kayacs, barcas… y un chiringuito que tiene los precios bastante altos, por ejemplo 4,50€ el medio litro de cerveza, pero que puede ser un lugar fantástico para descansar.

Llegamos a la playa de Benegil y yo me quede en el chiringuito acompañado por dos de mis compañeros mientras el resto se aventuraba a la playa y algunos a meterse en las frías aguas del Atlántico para nadar hasta la cueva, uno de los objetivos de la ruta y que yo no pude cumplir, pero a veces es mejor quedarse en la retaguardia y recuperar fuerzas, como hice en el chiringuito.

Las fotos de la cueva pertenecen a Alfredo Delmo y Jorge Ramírez

Después de visitar las cuevas Benagil se continua el camino y se siguen pasando por parajes espectaculares cada vez menos poblados y salpicados de hoteles y urbanizaciones de alto standing, bajando y subiendo por cada valle, pasando por algunos miradores realmente espectaculares hasta llegar a Carvoeiro donde termina la ruta a mismo pie de playa en el paseo marítimo donde se encuentra la zona turística don por una coca cola te pueden llegar a cobrar hasta 3€…

Este último tramo lo hice algo mejor tras descansar y beber mucho, de hecho aquel día pude beber alrededor de 10 litros de agua que iba saliendo por todos los poros de mi cuerpo… finalmente la aventura culminó bien pero me quede con las ganas de ir a esa cueva y quien sabe si algún día no volveré….

Esta fue mi aventura por los siete valles suspensos, y aunque lo pase mal en algún momento debido al golpe de calor, supe administrar el resuello para disfrutar de unos paisajes que parecen salidos de una película de Piratas del Caribe, y le recomiendo a todo el mundo que tenga las piernas los suficientemente fuertes que la haga…