Escapada al Algarve de un fin de semana

By 15 septiembre, 2020Portugal

Hace tiempo os contaba como fui de senderismo por los Siete Valles Suspendidos del Algarve y como me puse malísimo, llegando al final de la ruta pero no pudiendo disfrutar de algunas de las paradas como la Playa Do Marinha y las cuevas de Benagil.

Pero esa espinita que tenía clavada tenia que quitármela de modo que le dije a Bea que la secuestraba un fin de semana para hacerlo. Y como tampoco hay que hacerle muchas palmas para que se apunte aun bombardeo pues decidimos irnos y ver bien vistos estos sitios que ella afortunadamente conoce.

Pero yo quería que el viaje también fuera una experiencia para ella, de modo que sabiendo lo que le gustan los atardeceres le propuse ir a ver el atardecer del sábado a Cabo San Vicente.

Así que el sábado por la mañana fuimos hasta Portugal, decidimos tomar carreteras secundarias para no pagar los abusos de las autovías de nuestro país vecino, que aunque los trayectos sean un poco más largos, merece la pena en precio.

Vídeo de la escapada al Algarve

Playa Do Marinha

Llegamos a nuestra primera parada, donde es complicado aparcar el coche, y que hay que dar un paseo pero al llegar hay varios puestos donde comprar bebidas y abajo un chiringuito, aunque bastante caro la verdad.

La playa Do Marinha tiene como dos niveles, uno sobre los acantilados y otro abajo y ambos son impresionantes debido a los colores del agua y de las rocas, a las formas que toman y al brillo que tienen bajo el sol, de tal modo que parece que te encuentras en el caribe.

Cuando bajas a la playa justo a la izquierda hay una cueva que serpentea en la roca hasta una pequeña cala que es devorada por las olas cuando sube la marea, pero que si puedes llegar a ella te sientes como si fueras un pirata buscando un tesoro.

Benagil

Seguimos nuestro camino cogiendo de nuevo el coche para llegar a Benagil que es otra playa pequeñita pero que tiene un aparcamiento cercano.

A estas horas (las tres y algo), aun no habíamos comido y teniendo los kayaks alquilados a las cuatro y media no nos dio tiempo a buscar algún sitio donde comprar algo de comer, y los restaurantes tenían precios muy altos.

Decidimos buscar algo después de nuestro periplo marinero, y fuimos a por nuestra embarcación, saliendo por primera vez en mi vida al mar a remo, aunque Bea ya tenía experiencia.

No tarde en darme cuenta que cada vez que pasaba una embarcación a motor, las olas que generaba, al golpearnos de lado casi nos hacían volcar, por lo que aprendimos rápidamente a maniobrar para poner el kayak de forma transversal a dichas olas.

Llegamos de este modo a la cueva de Benagil, esa que se ve en multitud de postales. Por fin podía verla y ademas habiendo llegado en Kayak. Aunque aquello parecía una feria, demasiada gente por todas partes, haciendo muy complicado el hacer fotos limpias, y más con cámaras deportivas o un móvil en una funda de plástico.

No obstante hicimos lo que pudimos e incluso seguimos nuestro navegar por las aguas de la costa del Algarve pues disponíamos de una hora de paleo todavía.

Atardecer en Cabo San Vicente

Al terminar nuestra aventura marítima paramos a tomar algo rápido y fuimos a todo trapo hacia el Cabo San Vicente, y solo paramos en un Decathlon ya que según parecía había una oferta de botas Salomon a 20 euros, pero ya había pasado.

Y bueno al final llegamos al cabo de San Vicente y vimos un atardecer fantástico la cual acuden muchas personas en masa y después buscamos un sitio donde cenar algo y donde dormir en una aparcadero de caravanas.

Las playas de Sagres

Amanecimos frente a la fortaleza de Sagres pero también junto a unas playas que eran capaces de quitar el sentido a cualquier pintor de paisajes, de modo que llamados por los azules y esmeraldas del agua, decidimos bajar por las anaranjadas rocas erosionadas por el cauce seco de un arroyo que caía hasta la arena para descubrir una playa de surferos.

Y más allá de la playa había unas rocas que escondían otra segunda cala preciosa, que como la de la cueva del día anterior sería devorada por las olas en un par de horas, pero nosotros aprovechamos para recorrer y fotografiar, siendo espectacular y estando toda entera para nosotros, aunque su acceso estuviera limitado al capricho de las mareas.

Tras esto nos fuimos a explorar un poco el pueblo encontrando una tienda de souvenirs donde todo era en plan piratas, y la verdad que había cosas muy curiosas…

Tras eso ya nos volvimos a montar en el coche y regresamos para casa, habían sido dos días muy intensos e interesantes.

 

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