Cuevas de San Marcos y un espeto al atardecer

By 31 diciembre, 2020Senderismo y +

No hay que contarle a nadie lo acontecido en el 2020 en todo el mundo con la pandemia, el COVID nos hizo quedarnos encerrados o casi encerrados y cuando eres como nosotros, que nos encanta salir a la montaña y estas subiendo el pico más alto de cada provincia el que no te dejen moverte de Andalucía puede ser bastante frustrante.

No obstante no hay que subir montañas de una dificultad infinita o llegar a sus vértices, solo hay que disfrutar de ellas. Y eso fue lo que hicimos nosotros aquel día…

Nos reunimos con la idea de ir a Cuevas de San Marcos, un pueblo de Málaga, limítrofe con Córdoba, de hecho desde su sierra se ve justo enfrente la de Rute.

El pueblo de acceso un poco enrevesado es bastante bonito, con un tamaño que nos es ni pequeño ni grande, de hecho si fuera mayor seguramente no tendría el encanto que tiene…

Llegamos en coche hasta el polideportivo y empezamos a subir por una pista forestal disfrutando de las vistas y dejando cada vez más abajo el pueblo hasta llegar a un mirador del cual surge un sendero un poco más peligroso con una barandilla que en ocasiones solo sirve para quitar el miedo porque si te apoyas en ella vas rodando hasta el pueblo…

Pasamos de esta forma por una cancela y seguimos subiendo por unas cuerdas hasta llegar hasta las ruinas de un antiguo castillo godo. Pero no os hagáis muchas esperanzas, pues apenas quedan unas pocas piedras de la planta y un pozo o algibe.

Subimos sin llegar hasta el vértice, la verdad no lo necesitábamos, estábamos disfrutando, de modo que nos sentamos en un lugar donde veíamos las dos caras de la sierra y allí estabamos desayunando cuando se acercó a nosotros un hombre que venía de hacer una via ferrata que también hay en esta pequeña sierra llena de sorpresas, y nos dijo que aparte de la cueva grande que nosotros buscábamos en el mirado había una mas pequeña aunque de difícil acceso, de modo que bajamos de nuevo al mirador, cantando y bailando… vaya pareceríamos unos duendes del bosque o algo así…

Una vez en el mirador Bea se metió en la cueva, yo que no me fiaba mucho de mis botas decidí que me quedaba en la puerta vigilando que no pasara nada, mientras charlaba con el señor que nos había esperado allí.

Después de un rato seguimos nuestro plan de ruta y fuimos en busca del autentico premio del día, las cuevas que recorren toda la sierra y que son un hervidero de murciélagos.

Recorrimos un sendero en el que hay que tener cuidado con los clavos que antaño soportaban los troncos para facilitar el transito y hacer el sendero escalonado pero que al pudrirse estos, quedaban como trampas en el camino.

Para llegar a las cuevas hay que subir por unas escaleras de metal que también han conocido mejores épocas, y que también te llevan a la entrada de las grutas.

La primera parte es amplia e incluso tiene un poco de luz que entra por la boca, pero en cuanto se penetra un poco más te encuentras con una gatera que nosotros recorrimos dejando mi mochila atrás, total nadie iba a llevársela y se cruza hasta otra cavidad, una raja en la pared y otra cavidad… sin llevar buen equipo decidimos parar allí sobre todo por que nos encontramos con un lago de guano que no queríamos cruzar, pero disfrutamos de lo lindo de nuestra «exploración».

Tras esto decidimos salir sin molestar a los animales que allí viven y nos dirigimos hacia el coche, aunque la montaña aun quería regalarnos algo realmente espectacular teniendo a unos corzos relativamente cerca.

Llegamos al coche y decidimos ir a ver el atardecer a Nerja que no pilla excesivamente lejos y tomar allí un espeto para terminar el domingo antes de volver a la rutina del día siguiente.

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