El día que nos lavamos en una gasolinera

Esto nos ocurrió en Sevilla, habíamos salido de ruta de senderismo por Málaga y la ruta como suele ocurrir se nos alargó un poco más de la cuenta haciendosenos un poco tarde.

Nuestro plan era llegar a Sevilla ir a cada uno a su casa e ir a una actividad en una casa encantada. No es que yo crea especialmente en eso, pero siempre mola eso de meterse en edificios abandonados y conocer su historia…

La cuestión fue que no íbamos a a poder hacerlo, no llegábamos, de modo que decidimos hacer una de las nuestras. (El día que nos lavamos en una gasolinera) No recuerdo quien fue el precursor de la idea pero en aquel momento parecía un buen plan…

Llegamos a una gasolinera ya cerca de Sevilla pero aun en la autovía, donde había fuera dos agentes de la guardia civil comiéndose un bocadillo, todo el mundo tiene derecho a un descansito y se quedaron un poco flipados al ver pararse un coche bajar cuatro personas e ir corriendo hacia el supermercado, el gasolinero pensaba que lo atracaban, pero nosotros necesitábamos el baño, después de andar durante 8 horas eramos lo mas parecido en olor a una osera.

El tipo viendo lo que le venía encima nos prohibió entrar en el baño de dentro y nos abrió el de fuera que llevaba sin conocer la limpieza al menos desde hacia siete años bisiestos… pero nosotros no eramos mucho mejor que aquel baño y para usar el grifo y el inodoro (que en aquel caso era oloro), nos daba bastante igual.



Fue Carmina quien se quedó en la tienda de la gasolinera, su trabajo hacerse con la siguiente lista de cosas:

  • Toallitas húmedas
  • Un desodorante de spray (no había)… fail!!!
  • Una coca cola zero de dos litros (somos unos jonkis y no podemos dejar de serlo)

Ella llegó cuando nosotros ya descamisados, aliviados y después de habernos echado agua del grifo para quitarnos lo más gordo habíamos tomado una mesa que había allí fuera ante la mirada atenta de los guardia civiles que no sabían muy bien que pasaba.  Al tiempo habíamos aireado aquel baño infecto para que ella que necesitaba un uso más personal no tuviera que soportar aquel olor tan intensamente.

Entonces empezamos a limpiarnos con las toallitas, un paquete extra grande, mientras nos pasábamos la coca cola, como si aquello fuera alguna especie de ritual aborigen o similar. Lo dejamos todo recogido, nos montamos en el coche y salimos otra vez pitando. Pudimos llegar a tiempo al evento

Esto parece algo bastante tonto, se convirtió en una de esas anécdotas que siempre recordamos (¿Recuerdas el día que nos lavamos en una gasolinera?), la verdad es que la parte de la casa abandonada luego no fue para tanto, pero el viaje hasta allí fue muy divertido.



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