Seamos precavidos bajando la desescalada del confinamiento

Llevo unos días reflexionando sobre todo el tiempo que llevamos encerrados en casa y como lo estamos llevando.

Hay muchas personas como yo que tal vez sean de naturaleza independiente o solitaria, aunque si estás aquí no importa que seas así, o que te guste disfrutar continuamente de una miriada de amigos, lo que importa es que de casi seguro te guste viajar o la naturaleza y son dos cosas que nos han arrebatado.

Antes de nada decir que entiendo la razón del confinamiento y lo he cumplido a rajatabla, ademas soy de esas personas que viven solas en una provincia diferente a donde se encuentra el resto de su familia y la mayor parte de sus amigos, por lo que para mi durante mas de 50 días el contacto humano se ha limitado a llamadas telefónicas, vídeo llamadas y mensajería. Mucho más de lo que hubiera tenido hace unos años, pero desde el punto de vista de alguien a quien le gusta viajar, a quien le gusta la naturaleza y ama la libertad sobre todas las cosas; estar encerrado es algo cuanto menos perturbador.

Seguramente amig@s mi@s os está pasando al igual que a mi, donde al principio tomamos este «retiro» con curiosidad y miedo, pero con energias; «Pondré al día muchos proyectos que tenía en el tintero» me decía , y he de admitir que al principio fue así pues comencé a:

  • Reciclarme para acceder más fuerte al nuevo mercado laboral
  • Preparar mi gran RoadTrip
  • Aprender a tocar la guitarra (esto se me da fatal)
  • Volver a entrenar Kung Fu en casa
  • Aprender más técnicas de fotos

 

Al principio todo iba genial, supongo que como a muchos de vosotros, pero sin darte cuenta un día ves lo que has hecho y lo has hecho mal y a desganas, te das cuenta de que el reloj pasa corriendo durante el día y por la noche se niega a dejarte dormir, de modo que comienzas a tener insomnio, a no rendir en tus propuestas y empiezas a abandonarlas sin darte apenas cuenta, solo para descubrir un día que lo has dejado casi todo y luchas por volver a coger una rutina que hace mucho se convirtió en tedio ya que descubres que no haces lo que de verdad te gusta desde hace casi dos meses y miras por la ventana esperando ese momento en el que finalmente te dejen salir.

Nos dicen que estamos al final, que comienza una desescalada de normativas absurdas sin entrar en colores políticos ya que ni este es el sitio ni es mi idea de hablar de ello aquí, pero ves cosas como:

  • Solo se podrá salir en los horarios definidos anteriormente, pero los hoteles abren (entonces quien se va a alojar en un hotel??)
  • Los hoteles abren pero solo puedes moverte en tu provincia (No se como de grandes se piensan que son las provincias pero creo que en coche es totalmente factible ir y venir a cualquier punto de tu provincia en el mismo día para no caer en el punto anterior)
  • A pasear solo se puede ir en los horarios establecidos, pero ey! si vas a un bar puedes estar allí en su terraza al 50%
  • Y así sucesivamente

Yo ya no como viajero, si no como amante de la naturaleza necesito salir al campo, de hecho hay cientos de estudios que acreditan que es bueno para la salud física y mental de las personas, mucho más para aquellos que lo vivimos todas las semanas, o al menos lo hacíamos.

Ahora solo se puede caminar a un kilómetro de casa, y estoy seguro que hay muchos que a esa distancia no llegan ni a un parque. Creo que nadie cumple esta norma absurda, pues esa distancia son 15 minutos andando a un ritmo bastante lento que estoy seguro que ni tu ni yo llevamos, por lo que entre 10 y 12 minutos habríamos llegado al límite de la distancia, nuestro patio de cárcel particular.

Estoy seguro que todos hemos visto personas ignorando el confinamiento, saliendo a deshoras, comprando una docena de huevos comprándolos de uno en uno, parejas que se han ido los fines de semana a casa del uno o del otro, gente que iba a algún sitio a vete a saber que, a segundas residencias, personas que no han hecho deporte en su vida saliendo como zombis a correr durante una semana hasta que han abierto los bares y ya no se volverán a poner las zapatillas de deporte hasta la siguiente desescalada, por que es muy posible que esto vuelva a suceder.

No tengo muy claro que pretenden los partidos políticos, si quieren tomar la senda de la economía o de la salud, pues no importa quien gobierne o este en la oposición, pero hay normas absurdas y normas que van en relación a la salud, como la del aislamiento de 14 días a todas las personas que vengan de fuera, aunque eso destruye el holding turístico y hotelero del país y yo me pregunto si no habrá otras soluciones como corredores sanitarios seguros. Aunque también es cierto que esto nos convertiría en borregos diciéndonos donde y cuando ir, lo mismo que acaban de hacer con las actividades de la naturaleza. Y ya puestos a pensar que es de lo poco que aun no nos han quitado uno se pone a imaginar y… bueno, MALDITO VIRUS!

Insisto en que me encanta viajar, pero también vivir, no podemos permitir bajo ningún concepto confiarnos, y de ahí viene el nombre de la entrada, pues cuando se baja de una montaña es el momento más peligroso, has hecho un esfuerzo enorme por llegar a la cima, has utilizado muchas energías para llegar y es un error confiarse en que la bajada será sencilla, pues esa falsa confianza puede provocar grandes accidentes. Es en ese momento del descenso cuando más atento hay que estar ya que el cuerpo y la mente están fatigados, y aunque creamos que vamos de vuelta, es cuando las rodillas más resienten, cuando el cuerpo dolorido puede tener un traspies y que tengamos un accidente.

Creo que esto mismo ocurre ahora mismo, nos encontramos en un momento en el que todos aquellos que nunca han subido una montaña creen que lo peor ya ha pasado, que pueden hacer lo que les plazca, pero esto no es una montaña, si ellos la cagan, la cagamos todos… es momento de reunir todo el coraje que nos queda, toda esa energía que se guarda para el final y volver a crear una rutina activa, volver a hacer ejercicio en casa, leer, salir a pasear de forma responsable, de ayudar de esta forma a nuestros sanitarios, que son como los músculos de nuestro cuerpo, que están agotados, que lo han dado todo para llegar hasta aquí y que han tenido que ver y hacer cosas para los que nadie les ha preparado.

Si no lo haces por ti, joder, hazlo por ellos, hazlo por tus hijos donde se esta viendo un repunte en los casos, hazlo por tus padres, por tus abuelos… pero piensa que ya se ve el destino, ahora no vale rendirse, ahora cansados y agotados es cuando hay que apoyarse en los que tenemos alrededor y seguir adelante.

Solo nos queda el último tirón y yo siendo grupo de riesgo, en un piso de 40 metros, solo y sin familia cerca he podido no solo conmigo, si no ayudando a otr@s que me necesitaban, creo que todos podemos apretar esto que nos queda y volver no a una nueva normalidad como la llaman, si no a una normalidad que nos guste a todos, donde se respete el sector primario, quienes también lo han dado todo, donde hayamos aprendido que el turismo por mucho que nos pese es un compañero cobarde que huye a la primera sombra de tormenta, pues no es lo mismo hacer turismo que viajar.

Estamos al final del camino, ayudémonos, seamos solidarios, no es una competición de ningún tipo, deja de ser egoísta y de pensar en tus superfluas necesidades y postureos, por que hay que tener clara una cosa.

El dinero se recupera, las vidas no. Y una vida no tiene precio.

Nota: todas las fotos de este artículo, exceptuando la de portada, se han tomado en diferentes fases de la cuarentena.

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