Camino de Santiago (Frances) Santiago de Compostela

22-07-2018

Este sería mi último día en Santiago, un día que por otra fue bastante interesante.

Al despertarme me duché y desayuné en el albergue, conocí durante el desayuno a una chica de Mexico y a un muchacho Italiano y estuvimos contándonos experiencias y peculiaridades de nuestros distintos países.

La noche de antes me había dado cuenta de que me faltaba una parte muy importante del ritual del peregrinaje, abrazar al santo de modo que me dirigí a la catedral y disfrute de un momento de tranquilidad, era muy temprano para que hubiera gente, de modo que pasee por la catedral, abracé a Santiago y le pedí un deseo como es tradición.

Me fui despues a hacer un poco de turismo, no era mi intención inicial pero acabé visitando algunos lugares de la ciudad, como la estatua de Valle Inclan, alguna universidad que me recordaron muchísimo a las de Oxford, salvando las distancias obviamente, y a pasear por los soportales.

Algunas curiosidades de Santiago

Escuché que un guía contaba la historia de las dos Marías, que se supone que vestían con colores chillones para atraer la atención de los mozos en edad de estudiar. Más tarde ese mismo día Marce y Rosi, mis amigos de allí, me contaron que no era así, que la verdadera historia era que sus hermanos estaban en el monte, acusados por ser rojos, y que a ellas las insultaban, las torturaban y las puteaban hasta límites insospechados… pero que ellas siempre juntas lo superaron todo y que siempre iban de colores vivos, maquilladas y sonrientes, su espíritu nunca fue doblegado aunque rompieran sus cuerpos. Y que fue por eso que se convirtieron en dos personajes muy famosos de la ciudad y por ello el ayuntamiento las premio poniendo su efigie en el parque.

Me enteré también que la última gran reforma de la ciudad tuvo lugar en el S.XVI y que de este periodo son las calles más anchas, e incluso que en muchas casas de la ciudad había escudos con cascos de caballeros encima, que según para donde mirasen definían al dueño como un noble, un rico o un bastardo.

Ya que estoy contándoos historias os contare dos más que Marcelo me contó del camino;

La primera de ellas es el origen del camino;  Marcelo me contó que el peregrinaje se estipula que proviene de las primeras migraciones humanas, buscando el oeste, aunque claro en ese momento solo era por motivos migratorios, y que el camino ya lo hacían los patricios romanos cuando querían ver el final del Imperio, el final del Mundo. Por ello hacían el viaje que iba hasta Finisterre, esta tradición se mantuvo mas o menos hasta que en el siglo XXII el obispo de la ciudad quiso darle importancia a la misma y dijo que allí estaban los restos del apóstol, aunque se sabe que en el sepulcro hay al menos restos de tres personas… pero ¿de verdad tiene eso ya importancia?

Otra es el origen de los cruceiros, que son cruces que hay por toda Galicia, y que según me dijeron, son puntos de poder, donde se enterraron bebes de madres solteras, monjas… un poco sádico ¿Verdad?

Me dí cuenta de que en Galicia se vive la religión de forma muy diferente a como lo hacen los andaluces, ni mejor ni peor, simplemente diferente; los primeros lo hacen de una forma más personal, más intima, donde los antiguos ritos y supersticiones paganos se mezclan con la religión cristiana, y donde todo tiene un valor muchos mas intenso. En Andalucía es todo lo contrario, apenas quedan ritos o criaturas paganas que ronden campos o situaciones y la religión es mucho mas exterior, más ruidosa y más temperamental. La verdad no me imagino a un sevillano en El Rocio acudiendo a una Meiga…

Bueno no quiero perderme y quiero contaros mucho… me dirigí entonces a comer, me habían recomendado un bar llamado Moha donde ponen una tortilla de patatas como tapa para chuparse los dedos, y doy fe de ello…

Una experiencia mística

Estando allí en la terraza del bar, saqué mi cuaderno de viaje y decidí ponerlo al día, y fue en ese momento cuando me dí realmente cuenta de donde estaba, de lo que había hecho, de que había derrotado a muchos de mis demonios en este viaje, que incluso los hospitaleros me dijeron que no importaba de donde venía que yo era un peregrino, y todas esas emociones se desbordaron de repente y sentí la necesidad de volver a la catedral.

Entre en la catedral con los ojos encharcados y recordé lo que un amigo mio siempre me decía; «para curarte del todo lo que te ha pasado tienes que llorar, y hasta que no lo hagas no te recuperarás del todo»

Me senté en un banco de la catedral de Santiago y deje de retener lo que tenía dentro, y no me da vergüenza decirlo, lloré por todo lo que había pasado, por las emociones, por haber superado mi primer viaje en «soledad», por haber roto las barreras que me imponía, por haberme sentido impotente ante la adversidad y haberme logrado mantenerme a flote a duras penas y sobre todo por que era consciente de donde estaba.

Lloré hasta quedarme dormido, una hora para ser exactos, allí sentado en el banco, no es extraño ver a gente llorando de la emoción en la catedral y sus alrededores. Y cuando desperté, me sentí mucho mejor, había dejado mucho atrás, entonces supe que había terminado el camino. Me levanté y me fui al albergue.

La Wonderfulosa historia de Alberto

Llegué al albergue y conocí allí a un peregrino un tanto peculiar, Alberto (suerte allí donde estés con tus sueños), venía desde Lourdes caminando sin dinero, y se dirigía a Finisterre y de allí a Fátima.

Estaba limpiándose, decía. Había dejado su vida anterior como portero de discoteca y una situación familiar personal y familiar que lo llevó al límite, de modo que decidió perderse en una peregrinación para ver que era vivir sin dinero y de lo que puedas encontrar.

Nos contó que había días que no comía, otros días recogía manzanas, o ayudaba a los hospitaleros a cambio de un sitio donde comer, dormir y ducharse. Llevaba la ropa destrozada, unas botas dos números más pequeños de su pie y aun así no se le caía la sonrisa de la boca, decía que ahora era feliz, que quería seguir andando y disfrutando como nunca y que cuando terminase su camino; vendería su coche, compraría un pasaje a Tailandia, y allí terminaría su formación como profesor de submarinismo.

Su historia y su forma de ser nos conmovió al hospitalero y a mi, de modo que subí a la habitación y cogí:

  • Unos calcetines de senderismo sin costuras que yo no había usado
  • Unas agujas hipodérmicas para las ampollas
  • Doble piel para las rozaduras (mejor que el compeed)
  • Pilas
  • Una pastilla de jabón de lagarto que llevaba para que lavará sus ropas

Bajé y se lo ofrecí, no era mucho pero le ayudaría en su aventura, y sorprendentemente lo que más celebró fue la pastilla de jabón…

El hospitalero le preguntó que pie tenía, un 50, e iba andando con zapatillas deportivas del 48, destrozadas y rajadas. Entonces el hospitalero le dijo; «Mira estas llevan aquí tres meses, y no van a venir por ellas. Son un 50, ¿A ver que tal te están?»

Eran unas botas de esas de 300€ que le entraron como un guante y él emocionado quería pagárnoslo, invitarnos a algo pero el hospitalero se negó, sacó tres cervezas y bebimos como hermanos.

Puede que esta experiencia no parezca nada pero significo mucho para mi, ayudar a otro peregrino así es algo que te llena por dentro y te hace sentir parte de algo.

Después de aquello fui a despedirme de Rosi y Marce, los invité y me volví al albergue, al día siguiente tenía el viaje de vuelta pero algo mio se ha quedado en este camino, y estoy seguro de que voy a repetir más de una vez…

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