Seguíamos encerrados en el municipio, la tasa de incidencia del COVID no bajaba y no podíamos ir muy lejos, pero aun así podíamos hacer multitud de rutas y decidí hacer una propia, unir varios tracks de esos que pululan por páginas como Wikiloc y hacerme un itinerario con sitios que quería ver, y decidí centrar esta aventura en la Ruta de los Puentes.

La Ruta de los puentes consiste en un sendero que recorre el Guadiato por una antigua vereda y caminos romano y árabe y que cruza cauces de agua por medio de los dos viaductos. Bueno casi ya que el árabe esta roto y perdió su parte oeste hace tiempo pero aun así no carece en absoluto de encanto.

Yo decidí empezar esta ruta desde las Jaras, tomando un sendero que serpenteaba junto al arroyo Guadalnuño, pero con una variante. Subir al cerro Villares Altos, donde hay una torreta de vigilancia, aunque el acceso a esa parte del cerro esta restringida.

Subimos por un cortafuegos que en alguna ocasión requirió hacer algo de trepada hasta que llegamos arriba

Allí nos encontramos que el camino de bajada se encontraba al otro lado de una alambrada fuerte y alta la cual decidimos que era mejor no saltar y bajar campo a través. He de admitir que aquello me recordó muchísimo a cuando estába en Murcia subiendo el Obispo.

En nuestro descenso levantamos dos jabalís que por fortuna decidieron huir de nosotros y siguiendo el criterio del sentido común nosotros tomamos otro rumbo de descenso llegando al sendero que serpenteaba junto al arroyo.

Ya con la risa del agua a nuestro lado paramos a hacer algunas fotos a sitios realmente increíbles, sacados como de un cuento.

Pero lo emocionante, y que hizo que me sintiera como un niño fue cuando llegamos al vado del Guadalnuño, con mas de 40centimetros de agua unos 6 metros de ancho y con el agua fría recogida de las lluvias, corriendo.

De modo que tocó remangarse los pantalones, quitarse botas y calcetines y cruzar con el frío del invierno atenazando los músculos de la pierna, pero aun así haciendo que nos sintiéramos vivos. Pues si todo estuviera medido y controlado, no sería una aventura ¿No creéis?

Seguimos entonces por una pista que ascendía y ascendía dejándonos ver al fondo del valle el riachuelo, que crecido, y como si tuviera emociones, reclamaba sus dominios serpenteando como si se tratase del mismo amazonas, mientras que unas montañas, llamadas «los riscos» nos observaban desde el Este (tengo que ir allí proximamente)

Llegamos a lo mas alto de aquella serranía y comenzamos el descenso para unir nuestra ruta con el tradicional trazado con la Ruta de los Puentes.

De este modo vimos de lejos el viejo puente romano, una estructura que aun permite el paso a senderistas, ciclistas y moteros, llevando en pie desde el Siglo I de nuestra era. Dos mil años de historia allí al alcance y servicio de todos, mostrando la grandeza de la sierra cordobesa.

Nosotros nos desviamos unos cientos de metros a la derecha en dirección al puente árabe del Siglo XI y que aun derruido en un extremo se levanta majestuoso siendo objetivo de muchos apasionados de los senderos y fotografiado como si de una estrella del cine se tratase.

De hecho tiene una especie de laguna donde vimos caer a una garza para atrapar algún pez, rana o culebrilla de las que pueblan estos montes y salir de nuevo alzando el vuelo (la suerte quiso que pudiera captar a medias ese momento).

Comenzamos la vuelta y paramos a comer junto al río Guadiato, separándonos del camino y disfrutando de su sonido en un lugar fascinante.

Ya de vuelta, sí nos detuvimos en el puente romano, que menos esbelto y alto que el árabe a sabido resistir con el paso de los siglos las inclemencias del tiempo, tal vez debido a su robustez.

Seguimos el trazado del sendero estrecho que va paralelo al río, viendo casas cercanas, pequeñas playas fluviales y atravesando un bosque espeso hasta llegar al inicio de la Ruta de los Puentes, pero a nosotros nos quedaba volver a donde habíamos dejado el coche.

Comenzamos así una subida de unos 4km por carretera, siempre por la izquierda, que nos dejo ver vistas impresionantes y donde las montañas, nubladas, evocaban sueños que aprecian salidos de la pluma de algún escritor de fantasía.

Volvimos de nuevo a los caminos de tierra y a descender a un valle para acabar justo en la pequeña laguna por donde comenzamos el ascenso a los Villares Altos.

Llegamos al coche después de 5 horas, contando paradas, risas, y disfrutes de una ruta mágica, nuestra Ruta de los Puentes particular, que seguro que queda en el recuerdo de todo aquel grupo que la hicimos juntos, y aunque la hagamos de nuevo, seguro que la sierra no nos regalará aquellos eventos maravillosos que nos dio aquel día….