Subida al Chullo, el techo de Almería

¿Recordáis cuando os conté aquello de ”y si nos vamos a…”  en la cima del Terril? Pues lo hicimos, nos fuimos a subir el Chullo, techo de Almería y claro ya que íbamos tan lejos no iba a ser solo para subir esa montaña, pero no adelantemos conocimientos.

Como estamos así de locos nos fuimos el viernes por la tarde y buscamos un sitio donde dormir cerca del puerto de La Ragueda donde comienza la ruta y encontramos un albergue cerca de La Calahorra, un albergue que resultó ser del Camino de Santiago y donde nos acogieron como si fuéramos peregrinos. De hecho yo llevaba mi concha en la mochila grande…

Fuimos a cenar opíparamente, aunque Bea tuvo un incidente con el pique, pero son de esas cosas que te ríes mucho cuando las recuerdas, y luego a dormir, pues al día siguiente nos esperaba la subida.

De ese modo decidimos despertarnos temprano aunque no tanto como esperábamos, preparamos el material y nos fuimos a desayunar antes de subir al puerto de montaña donde empieza la ruta.

La carretera daba un poco de miedo, la verdad, pues se trata de una carretera de un solo carril para los dos sentidos, sin quitamiedos en muchos tramos y donde tienes que tocar el claxon cuando entras en otros para que el posible vehículo que venga de frente se detenga hasta que hayas pasado…

Pero finalmente llegamos al puerto de montaña de La Ragueda, que es espectacular, de hecho a mí me recordaba  a las estampas de los montes americanos, con sus abetos sus casas de madera…

Comenzamos a andar aunque nos equivocamos de camino, entre las muchas rutas que por allí pueden hacerse, afortunadamente solo fueron unos 500 metros, y ya tomamos el camino de ascenso.

El ascenso

He de decir que El chullo no es una montaña complicada, con sus 2611 metros es una montaña muy accesible, eso si con una pendiente media del 10%, al menos por donde nosotros la atacamos, y cuando estábamos arriba vimos llegar a familias con niños de 5 años…

Dicen que en invierno con la nieve y el uso de crampones es diferente, pero pasear por aquella pendiente, parando para disfrutar de las vistas, hacer fotos… fue muy interesante y divertido sobre todo porque no requiere ningún tipo de técnica más allá de ser capaz de andar. De hecho no es difícil ver ganado pastando el forraje que surge de entre las rocas que en otrás épocas del año están cubiertas de nieve.

Cuando queda muy poco para llegar al vértice y ya viendo el Mulacén de fondo (otra montaña que pronto subiremos), se llega a un desvencijado refugio que seguramente muchos hayan usado y que invita a imaginar historias de los que durmieron allí… y todo toma un tinte de romanticismo como solo las montañas son capaces de evocar.

Se siguen unos 200 metros y ya se divisa el vértice…

La cima

La cima del Chullo es muy amable, no termina en punta o hay que trepar para llegar a ella ni nada así. Todo en esta montaña parece que está diseñado por la naturaleza para poder disfrutarse, además como el vértice se encuentra construido sobre una torre de piedra siempre hay sombra por alguno de sus lados.

Allí hicimos las fotos pertinentes sin dejar de observar la nevada cima del Mulacen en Junio, descansamos y almorzamos disfrutando de los valles y de los paisajes mientras un pastor algo más abajo pasaba con su rebaño y algunas familias llegaban con niños que saltaban y brincaban llenos de la energía que los adultos vamos perdiendo con los años.

El descenso

Llegó la hora de bajar y fue un paseo comparado con La Tiñosa, íbamos charlando bromeando y disfrutando del camino, pero aun así no pude evitar decirle “Namaste” a una montaña que nos había tratado tan bien.

Puede que no haya sido la montaña más emocionante, pero si ha sido un oasis, un pico que no te hace darlo todo pero que ofrece mucho y quién sabe si tal vez vuelva a subirlo en invierno…

Pero era sábado temprano y nosotros necesitábamos algo más, de modo que decidimos ir a pasar lo que quedaba de día a Tabernas y pasar el domingo en la playa de los muertos.

 

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