Bosque de Fangorn, Bejarano, Baños de Popea y Fuente del Elefante

Bosque de Fangorn, Bejarano, Baños de Popea y Fuente del Elefante

Antes de nada decirte que sí, que has leido bien, Bosque de Fangorn, como en el Señor de los Anillos, y es que en la Sierra de Córdoba hay todo un mundo por descubrir debido a su microclima que te hace sentir que estas en tierras mucho más al norte…

Esta ruta en cuestión de unos 17-18 km comienza en el famoso cruce de Trassierra a unos 6km de la ciudad, junto a la gasolinera conocida como «el ovni», os invito a verla de noche y sabréis por que tiene ese nombre.

Es un sitio que según a la hora a la que llegues puedes tener problemas para aparcar ya que hay un restaurante muy famoso allí y el espacio es limitado.

Justo entre el restaurante y la gasolinera hay un sendero al que las gentes de Córdoba llaman el Bosque de Fangorn debido a que es bastante denso, con caminos sinuosos que ascienden hasta lo mas alto de la primera cara de la sierra para dejar ver un mar verde de dehesas, bosques, cerros, valles… hasta donde alcanza la vista.

Tras esto comienza un descenso que en algunos tramos, sobre todo si ha llovido y la arcilla del suelo esta mojada, se puede volver escurridizo e inestable, y por que los puentes de madera están en pésimas condiciones y hay que rodearlos cruzando por marañas de zarzas que te agarran como si no quisieran dejarte marchar.

Una vez que se sale del bosque se entra en un sendero que va junto a la carretera y que desemboca el una vía verde muy conocida por todos los habitantes de la ciudad, ya que es el camino para llegar al Arroyo del Bejarano, La Fuente del Elefante o la Fábrica de Paños. Y justo en frente queda el Sendero de los Duendes que llega hasta Santa María de Trassierra, una barriada que fue una aldea donde muchas personas tienen su residencia de verano y donde se puede degustar carne de monte por un buen precio.

Nosotros tomamos el camino hacia la fábrica de paños para llegar al Bejarano, nombre curioso de nuevo en la sierra, ya que hace referencia a Bejar un pueblo que esta en Salamanca.

Según se dice, en algún momento, alguien de aquella localidad migraría hasta aquí y por fama o por algo similar le pusieron su nombre al arroyo que es un afluente del Guadiato.

Aunque llevabamos track yo quise cambiar un poco la ruta, evitando a la feria de personas que había por la zona, tomando una un poco más abrupta y aunque evite a los senderistas de zapatillas nike, nos cruzamos con bastantes ciclistas.

Llegamos de este modo al nacimiento del Bejarano, para lo que hay que abrir una cancela de acceso publico, de hecho todas las cancelas que encuentres en este camino son para evitar que el ganado (vacas) se escapen.

A unos 100metros de la cancela se encuentra la poza donde con una cascada nace el arroyo, siendo todo un espectáculo.

Desde ahí volvimos sobre nuestros pasos hasta la puerta y entramos por la que esta justo en frente donde un cortijo abandonado domina una colina, y las vacas pacen a su alrededor. Hay que tener cuidado ya que muchas veces pasas entre ellas y aunque son muy mansas, lo mejor es dejarlas en paz y sobre todo dar un rodeo si ves que hay alguna ternera o ternero con ellas.

Recuerdo que cuando era niño, esta zona estaba sin vallas e incluso acampé alguna vez en la zona, ahora esta todo lleno de alambres y gentes que gritan, aunque no restan belleza al lugar.

Seguimos por la senda del arroyo, que no deja de cantar y se desciende pasando por lugares icónicos como:

  • El Rincon de Duende: donde la exuberante vegetación hace un túnel sobre el curso del agua y hay pequeños saltos que ponen música constante al lugar.
  • Las minas Romanas de calcopirita: antaño llenas de basura, ahora relativamente limpias, están abiertas al publico, pero son bastantes peligrosas si te internas en ellas cosa que no es muy recomendable, sobre todo si abren la presa pues pueden llenarse de agua. (o eso nos decían de pequeños)

En este tramo del camino hay zonas donde hay que tener cuidado nuevamente al pasar si el suelo esta mojado por que la caida puede estar asegurada.

Se llega de este modo al Guadiato, el río que tantas veces habrás visto si me sigues en redes sociales pues muchos días que solo quiero dar un paseo me vengo por esta zona.

Aquí buscamos un sitio para comer, ya que con la cantidad de gente parecía un festival de música más que una ruta senderísta, sobre todo por que esta zona es de acceso relativamente fácil para familias con niños.

Por fortuna conozco bien la zona y se donde hay riconcitos que la gente ignora, y nos paramos a comer con los pies metidos en el río.

Tras comer algo comenzamos nuestro camino de vuelta, pasando por el Molino abandonado de la época árabe y sus represas en la zona de los Baños de Popea (en cierta ocasión un portugués me dijo que esto era la Sintra de Córdoba, siempre salvando las enormes distancias claro), y seguimos adelante pero en lugar de dirigirnos al pueblo giramos a la izquierda por la pista y antes de terminar la subida que había frente a nosotros, tomamos la vía verde que nos dirigía hasta la Fuente del Elefante, otro lugar icónico de la sierra cordobesa.

Dicen que la fuente y el pequeño acueducto que sale de ella es lo último que queda de un palacio califal de verano.

Curiosidad: La fuente que hay en el lugar no es la autentica, es una copia, así como la que hay en la plaza del pueblo. Son copias de la original que oficialmente se encuentra en el obispado de la ciudad, pero… y voy a hablar bajito… las malas lenguas del lugar dicen que esa tampoco es la autentica, que la autentica se perdió hace años y que estará en la parcela de alguien sin escrúpulos, pero eso son solo rumores.

Después de abandonar la Fuente cruzamos un soleado prado donde muchas familias estaban de picnic y volvimos por el camino que lleva hasta el sendero de los duendes, pero esta vez en lugar de volver por el Bosque de Fangorn, decidí que era mejor dar un pequeño rodeo por la pista de una parcelación haciendo una especie de 8 en la ruta, además así evitábamos encontrarnos con más gente.

Cuando nos montamos en el coche y veníamos para Córdoba aun era temprano y decidimos darnos una escapada vespertina al Lago Azul, pero eso es otra historia…

Aunque la zona estaba bastante concurrida, no siempre es así, cuando la hicimos grabando el vídeo… era un día soleado, después de un mes de lluvias y con confinamiento perimetral por COVID por los que había muchas personas de más, pero encontramos gente perdida por los senderos que no sabía donde ir hasta en 5 ocasiones, grupos de personas mayores, de jóvenes de alrededor de los 25 años y familias que vagaban sin saber hacia donde tenían que ir, y con zapatillas de deporte lisas por terreno arcilloso… (Se mascaba la tragedia).

No hagas el idiota, si vas al campo…

Es por esto que siempre digo que la montaña por cercana que sea o por no tener demasiada altura no debe de menospreciarse.

En la baja montaña puede haber peligros como un mayor número de animales, hipotermias si te pierdes y cae la noche, caídas, torceduras de tobillos… ¡igual que en la media y alta!

Aprende a manejar un mapa aunque sea en el smartphone, estudia la zona un poco antes en el mismo, intenta ir si es posible con alguien que conozca la zona o que tenga experiencia y sobre todo por favor, lleva ropa adecuada, que no es tan cara…

Subida al Pedro López

Subida al Pedro López

El Pedro López no es una montaña espectacular como otras que ya hemos subido juntos en este blog, de hecho es bastante humilde en tamaño con unos 666 metros partiendo de unos 400.

Pero eso no debe de decepcionar de hecho es baja montaña, aquí no hay problemas de oxigeno, pero hay vegetación, animales, de hecho en la zona hay muchos jabalíes y venados, por lo que es muy interesante investigar si hay monterías en la zona cuando vayáis a subir.

Su nombre «Pedro López» proviene de un antiguo banquero Riojano que se asentó en la ciudad y comenzó a comprar terrenos, entre ellos algunos de estos montes donde se extraía granito sobre todo para la producción de adoquines, de hecho en algunas montañas se ven los surcos de los cortes en la roca.

Esta montaña es la más alta de esta parte de la zona cordobesa y tiene algunos tramos realmente empinados donde hay que hacer trepadas entre las rocas de granito y pasar por pequeños praditos donde apetece ira hacer vivac.

La subida es cierto que no se encuentra muy bien marcada y hay que ir con cuidado para no perder el rumbo, sobre todo en la parte final, aunque de vez en cuando se pueden ver algunos hitos que nos van guiando.

Pero cuando se llega a la cima del Pedro López es como haber subido una montaña de mucho más renombre en lo que a vistas se refiere, dominando el Lago de La encantada, la urbanización de Las Jaras, los cerros de granito de la zona, los riscos y al fondo el Torrearboles.

Nos dijo un corredor trail que encontramos en la cima que los buenos días se podían ver los picos blancos de Sierra nevada, y no pude dejar de acordarme aquella maravillosa subida al Mulacen.

Una vez que disfrutamos de las vistas, descendimos por otra de las caras, haciendo trekking, ya que no había ni senderos, y en ocasiones teníamos que buscar algun hito o punto de referencia perdido para poder guiarnos.

De este modo saltando por rocas y cruzando arroyos, pues la sierra estaba preciosa debido a las últimas lluvias, descendimos hasta los valles donde el agua ha ido tallando el granito.

Subimos finalmente una loma que nos dejo ver la cuenca del Arroyo de los Picapiedreros o Torrente Joven donde tantas veces estuve de acampada de pequeño cuando era scout.

Cuando se llega a la parte baja de la cuenca, donde corría el agua como hacía años que no lo hacia, es cuando empiezan a aparecer las personas que van a dar un paseo, ya que el acceso hasta la cascada es muy sencillo y se puede ir con niños.

Aprovecho para pedir un poquito de civismo y de educación, la naturaleza nos ha regalado este trocito de paraíso en Córdoba, pero es nuestra obligación mantenerlo limpio y enseñar a nuestros hijos como tratar las montañas, los ríos y a la naturaleza en general ya que muchos dejan allí los paquetes de patatas, las latas o cascaras de frutas que aunque son biodegradables ensucian el medio ambiente, y puede que tu ya lo hayas disfrutado pero recuerda…

¡Detrás de ti vendrá mas gente y tu siempre vas detrás de alguien!

Seguimos nuestra ruta de vuelta al coche, ya si por carretera, siempre viendo el Pedro López a nuestra izquierda.

Nota: Perdimos la primera parte del relive para hacer el vídeo y por ello empieza en la cima, el track comenzó justo donde terminamos, lugar donde habíamos dejado el coche y pasando con el campo de fútbol a la izquierda.

Subida al Pico del Lobo techo de Guadalajara

Subida al Pico del Lobo techo de Guadalajara

Dormimos aquella noche en el aparcamiento de la semiabandonada pista de esquí de La Pinilla, ya que aun quedan algunos negocios y cuando el tiempo lo permite la asistencia de personas que van para practicar ciclismo, trail y trekking es enorme.

Al despertar entre los sacos, mantas y abrigos que nos cubrían tras pasar una noche helada, el día estaba mucho mas que nublado, con una humedad muy alta y un niebla que no dejaba ver a más de diez metros, por lo que yo intenté convencer a Bea de que no llevábamos buen equipo y que el tiempo no era bueno, pero cualquiera la convence de rendirse (menos mal por que el día fue de espectáculo)… de modo que poco después estábamos con las botas puestas, las mochilas a la espalda y subiendo aquella montaña, la última de Castilla la Mancha.

La ruta para subir al Pico del Lobo comienza en la misma estación de esquí y sube por donde supongo que iban las máquinas hasta la cima, zigzagueando.

Pero lo curioso es que ves que hay toda una ciudad prácticamente abandonada con multitud de anuncios de «se vende» en las ventanas, como si una plaga hubiera asolado la zona, y no es para menos, al parecer según nos contaron otros montañeros, la única pista de la estación, era lo que se llamaba una pista negra, y en ella habían muerto varias personas haciendo que finalmente se cerrase al uso, atrayendo a otro tipo de aficionados a la montaña que normalmente no tienen tanto dinero en el bolsillo como para una segunda vivienda en la montaña.

La cuestión es que el sendero asciende y asciende por un pinar en zig zag, y la humedad nos hacía sentir que estabamos en una ducha o en una sauna, hasta que de repente vimos que en algunos árboles había nieve y de repente el suelo, las rocas, los árboles, todo estaba blanco.

Seguimos el camino llegando a esa zona de la montaña en la que, en el colegio nos enseñan según la altura, dejan de crecer árboles, y es así de repente, como en otros sitios lo habíamos vivido, pero con nieve se intensifica la sensación, sobre todo cuando el sol radiante aparece con un cielo azul por que estas sobre las nubes.

Comienza entonces una parte del track que te hace seguir subiendo por una pequeña cresta en la que te pone la distancia al Pico del Lobo, otro camino y una loma más antes de llegar a un collado donde al fin se ve a lo lejos los restos de la estación del teleférico de la estación.

Seguimos avanzando por aquel sendero y aquel collado, afrontando la última subida, de hecho Bea emocionada me sacó algo de ventaja (no tiene fin su energía)

Y una vez llegas a la vieja estación semiderruida justo detrás se encuentra el vértice del Pico del Lobo con sus nada despreciables 2274 metros, donde nos hicimos algunas fotos, pero el espíritu de la montaña empezó a golpearnos con una pequeña ventisca y decidimos bajar al collado a disfrutar de un segundo desayuno.

Allí refugiados al abrigo de unas rocas nos sentamos a desayunar y a ver como algunas personas pasaban tanto en una dirección como en otra y como había quienes nos imitaban.

Eramos conscientes de que no habíamos traído equipo para soportar el tiempo que hacía y decidimos comenzar el descenso, el cual para nuestra sorpresa fue mucho más tranquilo de lo que esperábamos, pues al pasar por el collado al otro lado de la montaña, el viento no se movía y pudimos regresar a la estación mientras el cielo se despejaba y al llegar encontrar a gente incluso tomando el sol después de sus rutas en bicicleta.

Nosotros hicimos lo mismo, observando la imponente montaña que habíamos subido en todo su esplendor y nos disponíamos a volver a nuestra tierra andaluza después de un fin de semana lleno de aventuras, ya que desde el Pico del Lobo hasta casa nos faltaban unas seis horas de coche para regresar…

Pantano de la Jarosa

Pantano de la Jarosa

Un poco de mi historia personal

Esta ha sido para mi una ruta muy especial, empezaba en mi antigua casa, donde viví de niño y mis primeros años de adolescencia.

En los cerros donde transcurre parte de esta ruta he llorado, reido, sangrado, di mi primer beso a una chica, aprendí a montar en bici, en moto a conducir y a disparar (cosa que deje de hacer incluso antes de dejar de vivir allí).

En los alrededores de la Jarosa aprendí a coger madroños, moras, cebolletas, bellotas, castañas, níscalos, espárragos…

Allí pase horas escuchando a mi abuelo, viéndolo como por las noches se iba armado solo con un «jopo» a la espesura que era entonces la Jarosa. «Voy a coger Gamusinos» me decía y yo como un niño que era siempre quería cazar aquel mítico animal.

Cómo veréis en el vídeo yo vivía justo enfrente de la finca, y era conocido que había un sendero casi devorado por la maleza, en unos cerros donde vimos multitud de veces jabalís de tamaño enorme (y no es la visión de un niño, hay fotos de ellos en algunos albumnes familiares que se van perdiendo en el tiempo).

Recuerdo las noches, cuando alumbrados por la simple bombilla de una dinamo en alguna de las bicis escuchábamos moverse un matorral, y como salíamos todos como si detrás nuestra viniera el mismísimo diablo.

Tal era la osadía de estos jabalís que en una ocasión uno durmió apoyado en la puerta de la casa y solo nos dimos cuenta cuando al abrir la puerta el animal salió corriendo hacia el cerro de enfrente mientras nuestros perros lo perseguían a cierta distancia sin atrever a acercarse.

Allí fue donde viví mi primer gran incendio forestal, teniendo que dejarlo todo atrás (ropa, libros, enseres…) por que las llamas saltaban el cortafuegos donde nosotros hacíamos «bicicross»

Multitud de historias os podría contar de mis vivencias allí, entre aquellos cerros llenos de vida, tantas como las que puede vivir un niño y un adolescente en sus primeros años en esa etapa.

He de reconocer que he ido poco por allí desde que nos fuimos, pero no pasa un día sin que recuerde aquella infancia, de hecho creía que todo el mundo vivía así hasta que descubrí que no era así en el instituto.

Recuerdo pasar una vez con mi primera novia en su coche y pasarlo fatal, que se me hiciera un nudo en la garganta; ¡había extraños en mi casa!

En cierta ocasión pasé andando por recordar solo por eso, el día 1 de Enero de hace algunos años mientras los demás dormían en una casa en una urbanización cercana.

En aquellas lomas y valles descansa mi «melliza», mi prima que solo tenía unos meses menos que yo y que nos dejó hace también algunos años.

Bueno en definitiva, cómo podéis ver es un sitio muy especial para mi, un lugar que se llena de sentimientos.

Pero era debido a aquella espesura y a aquellos animales que los niños aunque fuéramos lejos e incluso a veces armados con rifles de aire comprimido, tirachinas, palos, nunchacos caseros… nunca nos introducíamos demasiado en la Jarosa, aunque todos sabíamos que allí había un pantano, dehesas… por lo que los mayores contaban, pero al fin y al cabo solo eramos niños y aunque eran otros tiempos no podíamos alejarnos a más de lo que diera el teléfono de voces encadenadas de las madres, al menos no demasiado tiempo…

Comienza el camino

Luego ya se sabe, te haces mayor y quieres ir a otros sitios, ver lugares «mágicos», no tienes tiempo… y no vas nunca a ver aquel sitio que te vio crecer, olvidas que allí esta esperándote la auténtica magia…

Pero un día llega la maldita pandemia y vuelves a casa y tus propios primos pequeños (ya no tanto), te dicen que les organices una ruta sencilla y es cuando decides ver aquel pantano, cuando quieres ver que había detrás de la maldita cuesta que todos temíamos y organizas una ruta y te sorprendes al ver los mapas de que si habías estado allí, solo que habías ido por otros caminos, rodeando algo que estaba relativamente cerca, mientras ibas quemando rueda de la bici o del vespino rojo que te regalaron a los 12 años (y es que eran otros tiempos).

Y entonces fue cuando se me dibujó una sonrisa en la cara, iba a subir la cuesta iba a ver que había detrás de ella, iba a llevar a mis primos a esos valles de montaña donde me había criado, a recordar cada herida, cada risa, el olor de las chimeneas al atardecer en invierno y del cloro de las piscinas en verano.

Llegamos con los coches y nos detuvimos, ellos no sabían muy bien que aquel era el sitio pero ya se lo recordé yo y nada más empezar a andar me preguntaron ¿Tu te acuerdas del abuelo?

¿Cómo decirles todo lo que recuerdo de él? Aquel hombre alto de pelo cano, ojos claros y que siempre estaba «riñendonos» para hacernos reir y que al mismo tiempo llevaba a sus espaldas el peso de haber sacado adelante a una familia en una postguerra tras la guerra en la que luchó… que tardó 6 meses en morir sin que me dejaran verlo y esperaba en el coche a que mi padre se despidiera de él cada día desde que entró en el hospital. El hombre que marcó uno de mis principios más férreos… ¿Cómo no iba a acordarme de él?

Siento si estoy un poco sentimental hoy, pero mientras escribo estas líneas o les hablaba de él a mi primos, el resto del grupo no existía aunque si el camino en una Jarosa desbrozada y limpia… Entonces llegamos a la cuesta…

Subimos la loma y al otro lado había un pequeño olivar, un giro a la izquierda y se abría una dehesa de fantasía.

Sabéis que me gustan las montañas, pero el encanto que tiene caminar por una dehesa es indescriptible, ademas es un entorno ecológico que solo tenemos en España.

Allí puedes encontrar animales de todo tipo, desde reptiles, a roedores, rapaces, pájaros de todo tipo y todo alfombrado de verde invierno y salpicado de encinas y alcornoques.

El camino que se encuentra al llegar a este sitio esta muy bien marcado y te permite llegar a varios sitios, entre los que se encuentra Puerto Atarfi (Que está en mi lista de próximos objetivos), las colas del pantano de la Breña y que si se siguen llegan a Almodovar con su maravillo castillo, o al pantano de la Jarosa que se usa como piscifactoría.

He de decir que me habían dicho que estaba seco a pesar de las lluvias, pero yo esperaba que la montaña, y más aquella que me había visto crecer me diera un regalo…

De hecho cuando llegamos estaba a mitad de su capacidad, y eso para mi ya fue más que suficiente, había llegado al Pantano de la Jarosa desde la Jarosa y no desde de la carretera de los Rozales, era como quitarme un peso de encima.

Subimos un cerro para comer y ver a nuestro alrededor con unas vistas dignas de un pintor impresionista y tras la comida volvimos tras nuestros pasos disfrutando del camino, ya que no quise hacer la ruta circular para no hacer la vuelta por asfalto.

Conclusiones

Esta ruta ha sido para mi muy especial, ha sido el retorno a mi infancia, a reencontrarme con un espíritu que me dice que siempre hay que ver que hay detrás del siguiente horizonte, por que puedes estar más cerca de lo que crees de lo que buscas.

No es muy difícil y aunque puede resultar un poco tediosa en alguna pequeña cuesta, se puede hacer con la familia, eso sí, hay que tener cuidado con los ciclistas que abundan en los senderos ahora domesticados que llevan hasta el Pantano de la Jarosa….

Ruta de las Caras -Cuenca-

Ruta de las Caras -Cuenca-

Seguimos nuestro viaje hasta Buendía en la provincia de Cuenca para hacer la ruta de las caras, despues de haber subido el Mogorrita, haber visitado Albarracín y hecho una vía ferrata en el ventano del diablo.

Esta ruta circular es muy sencilla y cortita, de hecho es como un parque periurbano a orillas del pantano de Buendía al que se puede llegar por una estrecha y serpenteante carretera comarcal.

Lo primero que nos sorprendió fue la cantidad de gente que había y como en el parking había autocravanas que se quedaron allí para pasar la noche.

Nosotros llegamos justo antes de la hora dorada, cuando el solo está a punto de comenzar su ocaso, por lo que la luz que tuvimos era espectacular.

Yo tenía muchas ganas de conocer la ruta de las caras, donde hay alrededor de 20 efigies talladas en la roca arenisca desde el año 1992 (si ya sabéis ese año de Curro y Cobi), y Bea lo sabía y por eso me trajo poniendo lo que yo pensaba que era un broche de oro a mi cumpleaños, aunque aun quedaba una última aventura en aquel viaje.

Pero no nos adelantemos, empezamos el sendero donde había varios grupos de personas haciéndolo y de repente empezaron a aparecer las figuras talladas en la roca viva, algunas realmente sobrecogedoras.

En cada esquina, sobre cada roca te encuentras que hay un rostro, ya sea de un buda, un troll, un duende o una calavera esperando.

Solo puedo decir que me encantó, la ruta de las caras esta perfectamente marcada, es muy cortita, de hecho se puede hacer con niños y tiene al lado el pantano de Buendía que muestra unas vistas al atardecer que parecen salidas de áfrica o de alguna película de exploraciones.

La disfrutamos muchísimo y nos quedamos allí sobre una ruinas viendo el atardecer antes de volver a nuestro coche para afrontar la última noche de nuestro viaje para subir el Pico del Lobo como un extra, en una aventura que os contare más adelante…

Ruta de los Puentes -Córdoba-

Ruta de los Puentes -Córdoba-

Seguíamos encerrados en el municipio, la tasa de incidencia del COVID no bajaba y no podíamos ir muy lejos, pero aun así podíamos hacer multitud de rutas y decidí hacer una propia, unir varios tracks de esos que pululan por páginas como Wikiloc y hacerme un itinerario con sitios que quería ver, y decidí centrar esta aventura en la Ruta de los Puentes.

La Ruta de los puentes consiste en un sendero que recorre el Guadiato por una antigua vereda y caminos romano y árabe y que cruza cauces de agua por medio de los dos viaductos. Bueno casi ya que el árabe esta roto y perdió su parte oeste hace tiempo pero aun así no carece en absoluto de encanto.

Yo decidí empezar esta ruta desde las Jaras, tomando un sendero que serpenteaba junto al arroyo Guadalnuño, pero con una variante. Subir al cerro Villares Altos, donde hay una torreta de vigilancia, aunque el acceso a esa parte del cerro esta restringida.

Subimos por un cortafuegos que en alguna ocasión requirió hacer algo de trepada hasta que llegamos arriba

Allí nos encontramos que el camino de bajada se encontraba al otro lado de una alambrada fuerte y alta la cual decidimos que era mejor no saltar y bajar campo a través. He de admitir que aquello me recordó muchísimo a cuando estába en Murcia subiendo el Obispo.

En nuestro descenso levantamos dos jabalís que por fortuna decidieron huir de nosotros y siguiendo el criterio del sentido común nosotros tomamos otro rumbo de descenso llegando al sendero que serpenteaba junto al arroyo.

Ya con la risa del agua a nuestro lado paramos a hacer algunas fotos a sitios realmente increíbles, sacados como de un cuento.

Pero lo emocionante, y que hizo que me sintiera como un niño fue cuando llegamos al vado del Guadalnuño, con mas de 40centimetros de agua unos 6 metros de ancho y con el agua fría recogida de las lluvias, corriendo.

De modo que tocó remangarse los pantalones, quitarse botas y calcetines y cruzar con el frío del invierno atenazando los músculos de la pierna, pero aun así haciendo que nos sintiéramos vivos. Pues si todo estuviera medido y controlado, no sería una aventura ¿No creéis?

Seguimos entonces por una pista que ascendía y ascendía dejándonos ver al fondo del valle el riachuelo, que crecido, y como si tuviera emociones, reclamaba sus dominios serpenteando como si se tratase del mismo amazonas, mientras que unas montañas, llamadas «los riscos» nos observaban desde el Este (tengo que ir allí proximamente)

Llegamos a lo mas alto de aquella serranía y comenzamos el descenso para unir nuestra ruta con el tradicional trazado con la Ruta de los Puentes.

De este modo vimos de lejos el viejo puente romano, una estructura que aun permite el paso a senderistas, ciclistas y moteros, llevando en pie desde el Siglo I de nuestra era. Dos mil años de historia allí al alcance y servicio de todos, mostrando la grandeza de la sierra cordobesa.

Nosotros nos desviamos unos cientos de metros a la derecha en dirección al puente árabe del Siglo XI y que aun derruido en un extremo se levanta majestuoso siendo objetivo de muchos apasionados de los senderos y fotografiado como si de una estrella del cine se tratase.

De hecho tiene una especie de laguna donde vimos caer a una garza para atrapar algún pez, rana o culebrilla de las que pueblan estos montes y salir de nuevo alzando el vuelo (la suerte quiso que pudiera captar a medias ese momento).

Comenzamos la vuelta y paramos a comer junto al río Guadiato, separándonos del camino y disfrutando de su sonido en un lugar fascinante.

Ya de vuelta, sí nos detuvimos en el puente romano, que menos esbelto y alto que el árabe a sabido resistir con el paso de los siglos las inclemencias del tiempo, tal vez debido a su robustez.

Seguimos el trazado del sendero estrecho que va paralelo al río, viendo casas cercanas, pequeñas playas fluviales y atravesando un bosque espeso hasta llegar al inicio de la Ruta de los Puentes, pero a nosotros nos quedaba volver a donde habíamos dejado el coche.

Comenzamos así una subida de unos 4km por carretera, siempre por la izquierda, que nos dejo ver vistas impresionantes y donde las montañas, nubladas, evocaban sueños que aprecian salidos de la pluma de algún escritor de fantasía.

Volvimos de nuevo a los caminos de tierra y a descender a un valle para acabar justo en la pequeña laguna por donde comenzamos el ascenso a los Villares Altos.

Llegamos al coche después de 5 horas, contando paradas, risas, y disfrutes de una ruta mágica, nuestra Ruta de los Puentes particular, que seguro que queda en el recuerdo de todo aquel grupo que la hicimos juntos, y aunque la hagamos de nuevo, seguro que la sierra no nos regalará aquellos eventos maravillosos que nos dio aquel día….