Via Ferrata del Ventano del Diablo

Via Ferrata del Ventano del Diablo

Despertamos aquella mañana en un solar donde habíamos aparcado el coche después de ir a cenar a Cuenca y ver sus famosas casas colgantes.

Aquel día iba a estar lleno de sorpresas y aventuras, pues empezábamos por una vía ferrata K3 y K4 en el Ventano del Diablo, que recibe su nombre por un mirador que hay justo encima.

Acudimos a la cita con la empresa que lo llevaba (GEaventure) y nos recibieron con los brazos abiertos, eran muy simpáticos (no recuerdo sus nombres, tengo que escribir antes de que pase tanto tiempo de las historias…) y nos unimos al otro grupo de aventureros.

Montamos en los coches y fuimos al inicio de la ruta donde nos dieron una pequeña charla de seguridad justo antes de meternos en la ruta ya con los arneses, los cascos y enganchados a las líneas de vida.

La vía empieza bastante sencilla con el río abajo y hay un tramo que se puede hacer andando o en tirolina, nosotros lo hicimos andando, cachis

Hasta ese momento el camino es sencillo pero poco después y tras hacer una S por unas cadenas ya quedas suspendido sobre el agua del río Jucar, que cuando nosotros fuimos tenía un colo azul esmeralda precioso.

De este modo se recorren unos cuantos de metros de forma horizontal hasta un salto que hay que dar para pasar de un soporte a otro sobre una plomada. Esta fue sin duda la peor parte del camino para mi, por que ya llevaba los brazos cansados, el esfuerzo es grande y ademas con los nervios se me olvido cambiar los mosquetones y tuve que volver a saltar atrás para hacer bien el paso y saltar de nuevo a la posición complicada de la plomada.

Justo después de esto termina la K3, sobre una pasarela de madera y donde quienes quieran pueden abandonar antes de subir de forma vertical y comenzar la K4 con sus dos puentes, uno mono y otro tibetano.

Yo no iba a rendirme, tan solo tenía lo brazos un poco cansados y tomé la K4 con muchas ganas, allí subiendo y trepando por las rocas hasta el primer puente y luego de forma más relajada hasta el segundo en un abrigo de roca.

La vía ferrata del Ventano del Diablo termina con con giro de mas de 270 grados, el cual puede disparar la adrenalina de mas de uno, sobre la roca y un ultimo ascenso donde los guías pueden ayudarte con una polea antes de salir fuera y darte cuenta de lo que acabas de hacer y como en mi caso sentirte emocionado.

Después de aquello todo el grupo nos fuimos a un restaurante a comer y nosotros después de aquello a… Bueno eso es otra historia!

Torreárboles – Villares – Cerrillo

Torreárboles – Villares – Cerrillo

Con esto de los confinamientos no se puede viajar y no puedo ver lugares de ensueño…

Esto era lo que pensaba hasta que decidí explorar la sierra de mi ciudad, algo que no hacía desde muchos años atrás, mientras que el COVID y el 2021 iban cerrándome fronteras y oportunidades, pero por fortuna se que hay muchos senderos en el municipio como para pasar mucho tiempo en la montaña, que no muy alta pero no por ello menos hermosa, y llegado el caso puede que lo contrario.

De este modo empecé a buscar una ruta que se ajustase a mis necesidades actuales, quería algo con un hito importante y que al mismo tiempo tuviera un kilometraje decente, de modo que encontré este itinerario, que repetiré, al menos en parte, por que la niebla no me dejó disfrutar de las tremendas vistas del Torreárboles.

Recluté a un grupo de brincacerros como yo, que estuvieran dispuestos a hacer esto después de tanto tiempo, y no tardé en alistar a mi escuadra, eramos cuatro, tal y como imponían las leyes de confinamiento que en ese momento imperaban, y tomamos el autobús camino de Cerro Muriano, pero nosotros y por un fallo mio nos bajamos en la parada de Torreárboles, pero ¡OJO! es la siguiente.

No obstante quise convertir aquello en una oportunidad empezando el ascenso desde más abajo siguiendo un trozo del Camino de Santiago hasta cruzarnos con la ruta que nosotros queríamos hacer y coger ya nuestro track.

Caminabamos entre pinos, dejando a la izquierda la Ermita de la Virgen de Linares de Cerro Muriano y tomando el camino de la derecha pasando por un vallado.

En este punto tengo que hacer hincapié de tomar el camino por dentro del vallado ya que por el otro lado, aparte de que se han gastado un sueldo en poner carteles de prohibido el paso, suele haber cazadores y gente disparando.

Es en este momento cuando el ascenso comienza de verdad y aunque no es muy largo, si os digo que no tiene nada que envidiar a algunos picos famosos de algunas provincias en lo que se refiere a inclinación.

De este modo se llega al famoso Torreárboles, desde el cual, según cuentan se puede ver toda Córdoba a un lado y si el día es bueno al otro lado se puede llegar a ver Sierra Nevada. Nosotros no pudimos comprobarlo pues la niebla ni tan siquiera nos permitía ver el cerro de al lado, de modo que con un frío importante nos hicimos las fotos de rigor y comenzamos el descenso por el otro lado, siguiendo el camino GR-48.

Un descenso también bastante inclinado por el que nos encontramos unos scouts que venían ascendiendo a buen ritmo y que finalmente nos dejo junto a un túnel que cruzaba bajo la carretera.

En este momento hay que tener mucho cuidado pues, los tracks te llevan hacia un camino ahora cerrado por lo que hay que seguir de forma casi perpendicular a la carretera y seguir las señales de la GR-48, que en ocasiones se pierden un poco de la vista.

Así se camina por dehesas y cerros que tenían el color de la hierba mojada y donde en los puestos de los cazadores por los que se cruza dejan cientos de cartuchos ensuciando el bosque.

Petición a los cazadores: No voy a entrar en polémicas sobre si la caza es buena, mala… estudié agronomía y conozco las razones cinegéticas, pero los cartuchos se pueden recoger después de disparar y no dejarlos allí contaminando la sierra. ¡Gracias!

Casi sin darnos cuenta llegamos al parque periurbano de los Villares, lugar donde los cordobeses suelen acudir en tiempos más felices a hacer sus famosos «peroles» y donde hay pistas de fútbol, zonas de acampada… y como no, senderos, y nosotros estábamos recorriendo uno que iba junto a la carretera y que tantas veces había querido andar…

Pero dejamos aquel sendero y nos introdujimos de nuevo en la espesura siguiendo un riachuelo sobre cuya risa se escuchaba el canto de los pájaros como hacía mucho que no lo escuchaba, y creedme cuando os digo que en ese momento se desconecta de todo.

Llegamos así a un antiguo puente junto a la carretera de las jaras, un lugar que conozco desde hace muchos años, ya solo quedaba andar un sendero que mis pies ya conocen en modo automático para llegar a la Assuan y descender por la cuesta de la traición, donde hay que tener sumo cuidado si vas un día que este todo mojado pues los puentes de madera y las rocas se escurren más de lo normal…

Relive de la ruta

Conclusiones

La ruta es larga, unos 18km pero sencilla, tan solo la subida y el descenso del Torreárboles reviste alguna dificultad, por lo demás en su mayor parte es sencilla y solo hace falta ir mirando las marcas de la GR-48 para no perderse.

Nosotros la hicimos en 5h 13′ contando las paradas para fotos, quitarnos y ponernos ropa de abrigo, comer algo…

El track de la ruta

Subida al Mogorrita, el techo de Cuenca

Subida al Mogorrita, el techo de Cuenca

La subida al Mogorrita la hicimos en un día muy especial, ya que aunque habían pasado unos meses, íbamos a celebrar mi cumpleaños, pues Bea quería que celebrarlo en este fin de semana.

Como íbamos muy lejos y era nuestra costumbre salimos un viernes por la noche para dormir cerca de la ruta y encontramos un aparcadero en las sierras de cuenca a menos de media hora en coche del inicio de la ruta donde decidimos hacer noche.

Al día siguiente nos despertamos y nos dirigimos al Mogorrita, una montaña realmente sencilla, a la que se sube por una pista forestal preciosa, entre pinares y con una pendiente no demasiado pronunciada, en la que con un poco de suerte te puedes cruzar con algún rebaño de ovejas, de hecho es totalmente apta para hacerla con niños ya que no reviste ningún peligro hasta su cima y si luego se vuelve por el mismo camino.

Junto al vértice se puede encontrar una torreta de vigilancia de incendios y una pequeña casa supongo que de los agentes forestales.

Nosotros al haber tardado bastante poco en subir, de hecho la frase fue ¿ya hemos llegado? Pasamos un buen rato en la cima comiéndonos una tortilla de patatas gentileza de mi padre y una botella de vino si alcohol.

Después decidimos bajar cresteando un poco y haciendo la cosa un poco más complicada por que lo mismo que cuando no se tiene seguridad hay que dar la vuelta como nos paso en La Atalaya, cuando todo esta a favor hay que arriesgar un poco…

El descenso fue muy divertido, saltando entre rocas y entre pinos con un clima excepcional para disfrutar de la montaña.

Llegamos al coche llaneando por un prado y prácticamente no era medio día, de modo que decidimos ir a un sitio muy especial que me enamoró desde la primera vez que vi una foto… Albarracín… no os lo perdáis pues es la siguiente entrada…

Cuevas de San Marcos y un espeto al atardecer

Cuevas de San Marcos y un espeto al atardecer

No hay que contarle a nadie lo acontecido en el 2020 en todo el mundo con la pandemia, el COVID nos hizo quedarnos encerrados o casi encerrados y cuando eres como nosotros, que nos encanta salir a la montaña y estas subiendo el pico más alto de cada provincia el que no te dejen moverte de Andalucía puede ser bastante frustrante.

No obstante no hay que subir montañas de una dificultad infinita o llegar a sus vértices, solo hay que disfrutar de ellas. Y eso fue lo que hicimos nosotros aquel día…

Nos reunimos con la idea de ir a Cuevas de San Marcos, un pueblo de Málaga, limítrofe con Córdoba, de hecho desde su sierra se ve justo enfrente la de Rute.

El pueblo de acceso un poco enrevesado es bastante bonito, con un tamaño que nos es ni pequeño ni grande, de hecho si fuera mayor seguramente no tendría el encanto que tiene…

Llegamos en coche hasta el polideportivo y empezamos a subir por una pista forestal disfrutando de las vistas y dejando cada vez más abajo el pueblo hasta llegar a un mirador del cual surge un sendero un poco más peligroso con una barandilla que en ocasiones solo sirve para quitar el miedo porque si te apoyas en ella vas rodando hasta el pueblo…

Pasamos de esta forma por una cancela y seguimos subiendo por unas cuerdas hasta llegar hasta las ruinas de un antiguo castillo godo. Pero no os hagáis muchas esperanzas, pues apenas quedan unas pocas piedras de la planta y un pozo o algibe.

Subimos sin llegar hasta el vértice, la verdad no lo necesitábamos, estábamos disfrutando, de modo que nos sentamos en un lugar donde veíamos las dos caras de la sierra y allí estabamos desayunando cuando se acercó a nosotros un hombre que venía de hacer una via ferrata que también hay en esta pequeña sierra llena de sorpresas, y nos dijo que aparte de la cueva grande que nosotros buscábamos en el mirado había una mas pequeña aunque de difícil acceso, de modo que bajamos de nuevo al mirador, cantando y bailando… vaya pareceríamos unos duendes del bosque o algo así…

Una vez en el mirador Bea se metió en la cueva, yo que no me fiaba mucho de mis botas decidí que me quedaba en la puerta vigilando que no pasara nada, mientras charlaba con el señor que nos había esperado allí.

Después de un rato seguimos nuestro plan de ruta y fuimos en busca del autentico premio del día, las cuevas que recorren toda la sierra y que son un hervidero de murciélagos.

Recorrimos un sendero en el que hay que tener cuidado con los clavos que antaño soportaban los troncos para facilitar el transito y hacer el sendero escalonado pero que al pudrirse estos, quedaban como trampas en el camino.

Para llegar a las cuevas hay que subir por unas escaleras de metal que también han conocido mejores épocas, y que también te llevan a la entrada de las grutas.

La primera parte es amplia e incluso tiene un poco de luz que entra por la boca, pero en cuanto se penetra un poco más te encuentras con una gatera que nosotros recorrimos dejando mi mochila atrás, total nadie iba a llevársela y se cruza hasta otra cavidad, una raja en la pared y otra cavidad… sin llevar buen equipo decidimos parar allí sobre todo por que nos encontramos con un lago de guano que no queríamos cruzar, pero disfrutamos de lo lindo de nuestra «exploración».

Tras esto decidimos salir sin molestar a los animales que allí viven y nos dirigimos hacia el coche, aunque la montaña aun quería regalarnos algo realmente espectacular teniendo a unos corzos relativamente cerca.

Llegamos al coche y decidimos ir a ver el atardecer a Nerja que no pilla excesivamente lejos y tomar allí un espeto para terminar el domingo antes de volver a la rutina del día siguiente.

Subida a la Atalaya, techo de Albacete

Subida a la Atalaya, techo de Albacete

Después de nuestra aventura para subir el Obispo, techo de Murcia, intentamos llegar hasta la pequeña aldea de Fuente de la Carrasca, pero aquella noche el GPS no encontraba el acceso que no fuera por caminos de tractores, de modo que buscamos una gasolinera para comprar algo y pedir indicaciones sobre como llegar decidiendo quedarnos a dormir en el área de servicio y al día siguiente buscar el acceso a la aldea.

Siguiendo las indicaciones del dependiente de la gasolinera cruzamos por algunos pueblos semiabandonados hasta que se sale de Cañada de la Cruz y se toma una carretera que ha vio tiempos mejores hace muchos años. Lo cual es una autentica pena por que la comarca es preciosa.

Llegamos esquivando baches en el camino, algún que otro coche (seguramente de algún aldeano) y socavones, hasta Fuente de la Carrasca. El típico pueblecito de una calle y con no mas de 20 casas muchas de ellas sin habitantes y pero el resto realmente encantadoras, un sitio de paz sin duda, y como protegiendo la aldea, la montaña abrazándola.

Aparcamos y sin más florituras comenzamos a ascender por un sendero causado por un riachuelo seco, habíamos empezado mucho más tarde de lo que pretendíamos.

He de admitir que este primer tramo fue bastante duro para mi y me tuve que parar un par de veces, es curioso como luego viéndolo con perspectiva ves que no era tan duro que todo esta en tu mente y cuando te das cuenta de eso empiezas a subir muchísimo mejor…

Después del riachuelo seco cruzamos un bosquecillo de pinos y salimos a una pequeña llanura de roca de la que surgía de nuevo el ascenso en el cual hay que trepar para llegar a un cresteo y salir a las cimas de la montaña y digo cimas por que en ese altiplano donde nos encontrábamos estaban El Pico de Las Cabras y la Atalaya (de tan solo tres metros más).

Mientras nos acercábamos a La Atalaya, techo de Albacete, empezó a levantarse un viento que no dejaba de crecer en fuerza, de modo que al llegar al vértice, que en este caso se trata de un montón de piedras, con los cortavientos, los guantes, los polares… puestos, nos refugiamos a sotavento para comer algo y decidir que si el viento seguía en aumento era peligroso seguir allí arriba pues la parte de descenso con escalada podría complicarse, de modo que teniendo a un kilometro el Pico de las Cabras por un llano, decidimos que era mejor no arriesgarse a ir.

De este modo habíamos coronado cuatro cimas en dos días, dejando la quinta apartada pero contentos de lo que habíamos logrado, de modo que nos hicimos las fotos pertinentes en La Atalaya y comenzamos el camino de vuelta salvando el viento y descendiendo por el mismo camino hasta el coche y a veces más que andar, bajábamos esquiando deslinzándonos entre las piedras sueltas y haciendo eslalon con los bastones y nuestras rodillas para no caernos.

La verdad es que la montaña tuvo algo de especial, no se que fue, pero tuvo un poquito de todo y eso es lo bonito, ya que hay que saber cuando retirarse, cuando seguir adelante y cuando esperar.

No eran las dos de la tarde cuando estábamos en el coche de vuelta y a Bea se le ocurrio terminar el fin de semana en el Albaicín, pero eso es otra historia…

Subida al Obispo, techo de Murcia

Subida al Obispo, techo de Murcia

En esta ruta no solo subimos el Obispo, también lo hicimos al Odres y al Revolcadores, aunque entre el obispo y el Revolcadores es practicamente un llano, pero no adelantemos acontecimientos…

Salimos un viernes, como es costumbre en nosotros, en esta ocasión desde Córdoba y fuimos hacia nuestro objetivo, pasando por carreteras donde los ciervos corrían a nuestro lado prácticamente, y buscamos un lugar donde dormir en un aparcadero en un pueblo cercano, mientras veíamos en la noche las sombras de las montañas sin saber cual era la nuestra, pero con muchas ganas.

Recuerdo que cenamos en el coche con un frío tudelano, como solo puede hacer en las sierras, pero con muchas ganas de comenzar el camino al día siguiente, nuestro objetivo eran 4 picos en dos días entre los que se encontraban el techo de Murcia y el de Albacete.

Al despertar volvimos a arrancar el coche y mientras nos dirigiamos a uno de esos pueblos de no mas de 15 habitantes de la España despoblada y que apenas sale ya en los mapas, veíamos las montañas peladas, salpicadas solo ocasionalmente por algún pino que soportaba los vientos, el frío y las nieves del invierno y el calor del verano.

Llegamos a la pequeña aldea donde un par de señoras nos miraban con cara de «¿Quienes son estos locos?» y nosotros track en mano comenzamos la subida.

Y cuando digo subida no es que fuera algo sutil, no, la ruta empezaba enfilando el Odres de forma abrupta y las piernas lo notaban nada más empezar asaltando una montaña que incluso requirió algunas trepadas, cresteos y esfuerzo físico importante, al menos para mi, pues Bea iba felicísima. Pero a cambio la montaña nos ofrecía unos paisajes increíbles con vistas de un valle a un lado y de la meseta junto a parte de la sierra al otro, y además cuando llegamos al vertice vimos que había sido de las montañas más divertidas que habíamos subido pese al esfuerzo.

Pero esta solo era la primera cima de las tres del día, la segunda era el premio gordo…

El Pico De Los Obispos

Desde la posición que estabamos había que bajar a un valle y cruzar un sendero que antaño uniría las poblaciones de Odres e Inazares y que hoy en día abandonado era poco más que una senda para pastores, algo que no se por que me daba pena y al mismo tiempo aumentaba las ganas de seguir adelante como esos aventureros de antaño.

La bajada hasta el sendero fue un poco caotica, ya que el track lo hacia verticalmente y era bastante complicada, de ese modo lo hicimos por nuestra cuenta, cruzando bosquecillos, zonas de roca viva e incluso un arenal antes de llegar al camino que apenas se dibuja sobre el terreno.

Recorrimos sobre él unos cuantos de metros antes de salir de su curso a la derecha y afrontar un primer cerro antes de ver en el horizonte nuestro objetivo. Aquel cerro hasta su loma fue bastante entretenido, su subida aunque dura era amena, y cuando llegamos arriba nos separamos un rato para disfrutar sin molestias de la paz que allí había antes de reemprender la marcha.

Continuamos el ascenso por unos valles de montaña en los que daban ganas de poner un tienda de campaña y quedarse a pasar la noche… y finalmente en el último tramo había un afloramiento rocoso en el que no pudimos evitar parar y hacernos algunas fotos.

Llegamos al Pico de los Obispos y allí descansamos y disfrutamos de unas vistas realmente espectaculares, como un mirador solo para nosotros y desde el cual se observaba el tercer pico del día…

El pico Revolcadores

Lo que podría llamarse como un tramo de llaneo es lo que separa el Revolcadores del pico de Los Obispos, algo más de un kilómetro por terreno rocoso pero suave, habíamos llegado a nuestro tercer pico del día y comenzamos el descenso siguiendo los hitos, y como parece que le sucede a muchos montañeros equivocamos el sendero y nos giramos por la ladera de la montaña para no perder la cota que habíamos descendido hasta encontrarnos con nuestro camino original el cual descendía por el cauce seco de un arroyo y en el cual veíamos como el día iba despidiéndose con unos colores maravillosos.

De hecho nos encontramos ya casi al final con un pastor bastante amable que nos indicó el camino y nos preguntó si el coche blanco era nuestro, que lo llevaba viendo todo el día y le resultaba extraño.

Cuando llegamos al coche nos alcanzó de nuevo con su tractor y hasta nos ofreció su casa si necesitábamos algo, pero nosotros teníamos que buscar donde pasar la noche para el siguiente día ya que decían que era una montaña bastante complicada.